BRAULIO DORTA JIMÉNEZ, MÉDICO PSIQUIATRA
Padece esquizofrenia. Vive solo, aunque hay una hermana que vive cerca y le lleva comida todos los días. También le lava la ropa y le limpia. Siempre han estado juntos. La tensión la tiene alta y el colesterol también. Toma seis clases de pastillas. Desde que su médica de cabecera le dijo algo de "unos genéricos" le están dando pastillas distintas en la farmacia. La que era blanca ahora es roja, la roja ahora blanca, la redonda cuadrada, la alargada ahora es una cápsula, la que tenía una caja azul hoy es de bandas plateadas, y la amarilla pequeña ahora grande y verde. Y además, todo cambia cada mes. Juan ha dejado de tomar bien el tratamiento que lo había mantenido durante años alejado del hospital. Sufre una fuerte recaída psicótica. Estará dos meses ingresado. Cuando sale no es el mismo Juan. Esta vez las secuelas serán mayores. No logrará nunca alcanzar la autonomía que tenía antes. Terminará viviendo en una residencia y verá a su hermana de vez en cuando.
Existen varios motivos para rechazar de plano la prescripción por principio activo:
1. Induce al error cuando vamos a intentar tomar nuestro tratamiento correctamente. Esto es así por el aspecto exterior e interior distinto. El envase y la apariencia de los medicamentos va cambiando cada vez que vamos a la farmacia a buscar una misma (supuestamente) pastilla! No es muy difícil confundirse. Especialmente a los que tienen que tomar varios tratamientos. Una persona que tome seis pastillas al día para distintas cosas (una caja suele durar un mes) puede acumular en un año hasta 72 cajas de colores y formas distintas!
2. Los medicamentos de imitación (genéricos principalmente) no son lo mismo que las marcas originarias por dos motivos distintos: A) La biodisponibilidad (cantidad en sangre de principio activo) no es lo mismo que eficacia (mejora de la enfermedad). Que un medicamento esté en la sangre no significa que también llegue al tejido afectado por un trastorno. Esto dependerá del diseño físico-químico del medicamento. Cuando una empresa decide comercializar un medicamento en España sólo debe presentar estudios de biodisponibilidad (realizados en el país donde se construya el medicamento, normalmente fuera de la Unión Europea) y no de eficacia. B) los excipientes (moléculas que acompañan a los principios activos en el comprimido o cápsula) varían en muchas ocasiones con respecto a la marca originaria. Esto hace que puedan aparecer efectos adversos que antes no estaban presentes. "Desde que el médico me mandó la Fluoxetina (genérico) en vez del Prozac tengo acidez". Esta mala tolerancia hace a su vez que el paciente deje el tratamiento y no se prevengan estados de salud más graves.
3. Los medicamentos genéricos no son fabricados por el Estado, sino por empresas totalmente privadas. Algunas de ellas provenientes del sector de la construcción u otras áreas no sanitarias, que al amparo de la nueva legislación y huyendo de la crisis, han decidido poner a buen recaudo sus inversiones. Son empresas sin ninguna experiencia en el sector y que no realizan ningún esfuerzo investigador (esto es especialmente importante en un país como el nuestro donde la inversión de I+D+i es paupérrima).
4. La prescripción por principio activo no es una medida ahorrativa. Es cierto que el gasto farmacéutico público ha disminuido, y también han disminuido los presupuestos sanitarios de prácticamente todas las comunidades autónomas (que ya era bajo en nuestro país con respecto a la media de la UE). Pero el gasto sanitario real no para de crecer, y con él, el endeudamiento sanitario total (especialmente el hospitalario) que algún día habremos de pagar. Simplemente se acumula como gasto pendiente a los proveedores. Recetar por principio activo ayuda a agravar este problema. La explicación es sencilla: la confusión que provoca esta modalidad de prescripción, sumado a la mala calidad de muchos medicamentos genéricos hacen que la salud global de la población empeore. Este hecho hace que a su vez se tengan que poner en marcha otros recursos sanitarios que antes no hacían falta. Así, por una hipertensión arterial mal controlada puede llegar a ser necesario realizar un escáner, tomar medicación hospitalaria (más cara) y reconocer una incapacitación (infarto cerebral con secuelas).
Al margen de todas estas consideraciones la gran mayoría de las marcas originales están al mismo precio que los medicamentos de imitación, o incluso a precio menor, por lo que tampoco hay motivo aquí para no utilizarlos.
5. Las personas que ejercemos la medicina no tenemos ningún interés, más que el interés por nuestros pacientes, en que se prescriban las marcas originarias frente a las marcas genéricas, o de fantasía. Los medicamentos pierden su patente a los 10 años, momento en el que se pueden construir otras marcas. El presupuesto de marketing de la marca original, que incluye incentivos para los y las médicos/as (siempre de tipo formativo y bajo un estricto código ético), prácticamente desaparece por completo.