PORTADA PDF
tribuna abierta

Somalia: un futuro más allá de la hambruna

 03:00  

ANDRIS PIEBALGS Y KRISTALINA GEORGIEVA
COMISARIO EUROPEO DE DESARROLLO Y COMISARIA EUROPEA DE AYUDA HUMANITARIA
Vemos a diario a niños hambrientos que nos miran desde las páginas de los periódicos con los ojos muy abiertos, con una súplica muda. Somalia se encuentra nuevamente paralizada por la catástrofe humanitaria, la mayor del mundo en este momento. Cuando hemos visitado la región en esta últimas semanas nos ha conmocionado el sufrimiento de los somalíes y nos ha impresionado su capacidad de hacer frente a las peores privaciones imaginables.
Nadie pone en duda que la sequía es la causa inmediata de esta hambruna, pero el telón de fondo de un desastre de esta magnitud es siempre más complejo: casi 20 años de violencia, décadas de pobreza extrema, mal gobierno y fracaso del Estado en general. La comunidad internacional ha tratado en muchas ocasiones de contribuir a la paz o al menos de asegurar la supervivencia y subsistencia de los millones de somalíes que viven en una crisis permanente. No ha sido fácil prestar asistencia: en los últimos dos años 47 trabajadores humanitarios han sido asesinados en Somalia y otros 35 secuestrados por las milicias, que han impedido el acceso de 18 organizaciones humanitarias a amplias zonas del país.
La Unión Europea está entre los que no se han desanimado y ha mantenido su convicción de que Somalia no ha de resignarse a ser un estado fallido que exporta terroristas, inestabilidad y refugiados. Desde hace años hemos apoyado al pueblo de Somalia proporcionando alimento, refugio y atención médica a los 200.000 refugiados somalíes en Yemen y a los 500.000 en Etiopía y Kenia. Hemos ayudado también dentro de Somalia, siempre que nos ha sido posible, con ayuda alimentaria y asistencia a la nutrición, con el suministro de agua y saneamiento, con medidas para proteger los frágiles medios de vida de pastores y agricultores, con ayudas para construir escuelas y hospitales y para consolidar las instituciones del Estado y con la financiación de las fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz.
Hoy nuestro apoyo es más necesario que nunca. La mitad de la población de Somalia necesita urgentemente ayuda humanitaria, la ONU ha declarado la situación de hambruna y decenas de miles de personas (principalmente niños) han muerto en los últimos meses. Cientos de miles más están huyendo de la violencia y el hambre a los países vecinos, también afectados por la sequía.
Esta es sólo la última de un largo ciclo de crisis humanitarias en Somalia, cada una más larga y más sangrienta que la anterior, que han venido a agravar aún más problemas como el terrorismo y la desnutrición, el extremismo y la piratería. Para romper este ciclo y evitar que se repita un nuevo desastre dentro de unos años, hemos de seguir abordando el problema del subdesarrollo y las otras causas primeras de los problemas de Somalia.
Europa está actuando ahora: nuestra ayuda humanitaria a Somalia es de más de 100 millones de euros, para ayudar a quienes lo necesitan hoy, pero tenemos que pensar también en cómo ayudar a sus hijos mañana. Para lograr esto, la primera prioridad es lograr la estabilidad, pues con ellos disminuyen los riesgos de catástrofes y mejora la resiliencia, es decir, la capacidad de sobreponerse a ellas. Estamos viendo la prueba en la región autónoma de Somalilandia, en donde la inversión de Europa en desarrollo, mejora institucional y reducción del riesgo de catástrofes está dando sus frutos, haciendo que los efectos de la sequía sean menos graves y que los niveles de desnutrición sean la mitad que los de Somalia. El reto ahora es hacer que estas buenas prácticas se difundan por todo el país. Estamos trabajando para mejorar la gobernanza, la educación, el desarrollo económico y la seguridad alimentaria con una contribución de 212 millones de euros en ayuda al desarrollo hasta finales de 2013, ayuda que se va a intensificar con otros 175 millones de euros durante los próximos tres años.
Sin embargo, para garantizar que la sequía no se transforme en hambruna, hemos de integrar mejor la prevención de desastres y las políticas de resistencia a catástrofes en nuestro discurso sobre el desarrollo. Es evidente que hay aún un gran margen de actuación en estos temas en África, pues el doble impacto del cambio climático y del crecimiento demográfico hace que las sequías sean cada vez más prolongadas y perjudiciales.
Para ayudar a Somalia a desarrollar su resiliencia ante las catástrofes, la agencia de ayuda de la UE está llevando a cabo decenas de proyectos en apoyo de las rentas rurales, con ayudas a los pastores y agricultores a mantener y mejorar sus rendimientos, mejoras de las infraestructuras y reducción de la inseguridad del abastecimiento alimentario. Casi dos millones de agricultores y pastores se benefician directamente de estos proyectos. Hay dos millones de somalíes que, gracias a nuestro apoyo, no se suman a las sombrías estadísticas del hambre y la muerte de la actual crisis alimentaria.
Es un signo alentador y por ello vamos a seguir en esa línea para hacer frente al desafío en Somalia, apoyando a su gente e invirtiendo para mejorar su capacidad de recuperación ante los desastres. Queremos así contribuir a la esperanza de que los niños hambrientos que vemos en las noticias estos días sean la última generación de somalíes que conozca el hambre y la guerra.

Enlaces recomendados: Premios Cine