JAVIER CUERVO
En la casa en propiedad hay más que techo e hipoteca. Pienso en la joven casada que habla de haber encontrado la casa de sus sueños, en esos chalés que se llaman "mi sueño" y en esas "casas de ensueño" que enseñan en los programas de televisión y que suelen ser pesadillas orientalizantes o duermevelas de cena de queso fundido.
Nada como Celebration, la urbanización ideada por la Disney que funciona como un parque temático de la vida corriente según un ideal de American way of life detenido en los años 50 del siglo XX, cuando los Estados Unidos vencedores de la Segunda Guerra Mundial empezaron a repartir dividendos entre sus ciudadanos en la época de mayor prosperidad e igualdad social conocida en ese país.
Celebration es un producto de la rama inmobiliaria de Disney –casas y calles a imagen y semejanza de un modelo de bienestar no apto para diabéticos emocionales– pero siempre ha sido mirado con sospecha por quienes, no creyendo en paraísos, temen que podría serlo. Cuando sucede algo entre los 11.000 vecinos que desde hace 14 años habitan esta urbanización de Florida se presenta como que se ha roto el sueño y tal... Lo último son un suicidio y un asesinato. Son datos de criminalidad muy bajos pero los refuerza el contraste: es doblemente siniestro en un escenario de confort de anuncio del Selecciones de Reader´s Digest. En la práctica lo siniestro es vivir en un sitio donde suena un hilo musical de los años cincuenta y donde a fecha fija, bajo el cielo de la tropical Florida, hay nieve artificial sobre árboles de Navidad de plástico. Imposible no imaginarse la distopía de las quejas vecinales porque la administración ha restringido los días de nieve artificial a causa de la crisis, por el mal estado de conservación de los árboles navideños, por la necesidad, ahora que los niños han crecido, de emitir música ambiental de los sesenta...