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tribuna política

El arte de lo superfluo

Sus señorías nos han dado un claro ejemplo de mediocridad y absentismo laboral en el último debate del estado de la nación

 17:15  

MIGUEL DE LA GUARDIA
CATEDRÁTICO DE QUÍMICA ANALÍTICA
A la pobreza de los mensajes y lo vacío de los análisis se han unido la falta de originalidad e imaginación en los argumentos y esa abultada ausencia de diputados en los escaños, que está reclamando a gritos que se reduzca el número de diputados y senadores hasta que se llegue a un valor óptimo en el que nadie pueda dejar de asistir a los debates porque no son de su interés. Ahora bien, en lo que me gustaría ahondar hoy es en el profundo análisis del daño que causa la publicidad sexual en los diarios y la urgencia que se le da a este tema que, a tenor de las palabras del presidente del gobierno, es una iniciativa inaplazable.

Parecería que el giro a la derecha del gobierno ha pasado ya del terreno económico al de la moralina y lo peor es que la falta de sintonía con la realidad española viene de nuevo a fijar la atención en lo superfluo y perder oportunidades. Para empezar, el análisis de género que se hace de la prostitución es trasnochado y olvida que los hombres y mujeres que practican la prostitución como medio de vida lo hacen, en muchos casos, por decisión personal y debido a la existencia de una demanda social de ternura y satisfacción sexual. Son ya muchas nuestras mujeres que han sacrificado su vida sentimental y sexual a su trabajo y acuden a la prostitución como servicio imprescindible para mantener el equilibrio de sus vidas.

No quiero entrar en polémicas morbosas sobre las ventajas e inconvenientes del ejercicio de la prostitución (tema en el que no tengo experiencia), pero se me ocurre pensar que si la publicidad en los diarios supone un 10% de los ingresos de periódicos tan conservadores como el ABC, eso está evidenciando que se trata de una actividad muy extendida en nuestra sociedad y que lo mejor que podría hacerse es regularla, asegurando los derechos laborales de los trabajadores del sector, protegiéndoles y recaudando por parte del estado los impuestos que correspondan a esta actividad como se hace con cualquier otra. De nada me sirve la demagogia de la degradación de los cuerpos de las mujeres (¿y el de los hombres?) si la práctica de esta actividad se hace por decisión propia. Por si le sirve de algo a nuestros nostálgicos demagogos de una pretendida izquierda, les recordaré que la República Española legalizó la prostitución y de tal decisión no se derivó daño alguno sobre el colectivo, antes al contrario, se pudo trabajar en mejores condiciones sanitarias y de protección social. En consecuencia creo que lo que se debería hacer es regular una actividad que está instalada en nuestra sociedad, como también lo están las parejas homosexuales, la existencia de abortos o la necesidad del divorcio (y por eso hubo que regularlos y adaptar las leyes y las normas a las realidades sociales). Lo que habría que combatir es la explotación sexual de los seres humanos de la misma manera que debe ser combatida cualquier forma de explotación.

Lo demás, los prejuicios sobre el sexo profesional son tan solo moralina y, lo más importante, harían bien sus señorías en preocuparse por la regulación de los mercados financieros, el adelgazamiento de la administración general , con la eliminación de ministerios superfluos, delegaciones del gobierno y diputaciones, la elaboración de alternativas a la jubilación que permitan jubilaciones parciales y progresivas, la estimulación de la actividad económica, la protección de los dependientes y tantos otros temas que nos agobian, en lugar de fijar sus conspicuos ojos en el mal gusto de muchas imágenes publicitarias en nuestros diarios que, como muchos editores han señalado, no corresponde a ninguna actividad ilegal y tan solo se adecua a la demanda social.

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