tribuna abierta

Las vacaciones de Rajoy

Rajoy debería meditar muy seriamente sobre lo que viene siendo su actuación para volcarse en lo que le espera tras el verano...

28.07.2010 | 15:51

Tras el debate sobre el estado de la nación, y con el otoño que se avecina, Rajoy debería meditar muy seriamente sobre lo que viene siendo su actuación para volcarse en lo que le espera tras el verano. No sólo ha transcurrido algo más de la mitad de la presente Legislatura, sino que además tiene ante sí la huelga sindical de septiembre, así como las elecciones catalanas. Y, para el año que viene, las elecciones municipales y autonómicas. Con respecto a Cataluña, el partido conservador tiene un grave problema de coherencia y credibilidad. Nadie ha explicado todavía por qué el PP recurrió el Estatuto de Cataluña y no hizo lo propio con los de Valencia y Andalucía, que, viendo la Sentencia de TC, también podrían sufrir recortes si les aplicasen los criterios más o menos similares. Y del malestar que se vive en Cataluña uno de los responsables es el PP, no sólo por haber recurrido el Estatuto, sino también por el discurso anticatalanista de algunos de sus dirigentes, alimentando los tópicos e invectivas de siempre. Es, de cuantos problemas tiene planteados, el que quizás tenga más difícil solución.

En lo que respecta a la huelga que está convocada para septiembre, una de las cosas más incomprensibles de Rajoy es que aún no ha tenido a bien explicar al país las medidas que propone para combatir la crisis económica que padecemos. Porque, en el momento de la huelga, la sociedad española se preguntará qué medidas tomaría el PP caso de gobernar. Debería preocuparle al líder de la oposición que, habiendo perdido por méritos propios Zapatero su credibilidad, no sea capaz don Mariano de hacerse acreedor a ella. Hasta ahora no vas más allá de la descalificación de su adversario por la falta de coherencia de éste, pero podría caer en la cuenta de que eso no basta.
Cuando seguí el último debate sobre el estado de la nación, recordé a Felipe González plateándole a Suárez una moción de censura. No la ganó, y probablemente contase con ello, pero es indudable que salió fortalecido de aquel envite. Y es que, con moción de censura o sin ella, el dirigente conservador tendría que ser consciente de que, en último extremo, alguien que tenga aspiraciones de gobernar tiene que dirigirse a la ciudadanía, ganarse su confianza, y, para ello, hace falta algo más que el recordatorio de los vaivenes e incongruencias de Zapatero.

Hora es ya de que Rajoy les diga a los ciudadanos qué piensa hacer con las pensiones, con los sueldos de los empleados públicos y, lo que no es menos importante, con la corrupción, contra la corrupción. ¿Cómo es posible que no se manifieste con claridad sobre determinados comportamientos de políticos de su partido que, por mucho que se les suponga la presunción de inocencia, son demasiadas las acusaciones que pesan contra ellos? ¿Puede aspirar al Gobierno de España un dirigente que parece estar a verlas venir, que no da un solo ejemplo de firmeza a la hora de tomar decisiones? El país no espera milagros, pero sí concreciones. Milagro sería que el PP se desembarazase de una vez de la derechona que lo habita. Milagro que sería muy bueno para la vida pública Pero sí exige concreciones que hasta ahora no ha tenido el dirigente conservador. No sé qué resultado obtendrá el PP en las elecciones catalanas, pero es fácil suponer que no será muy bueno, porque ni siquiera se sabe si el líder de este partido está dispuesto a poner los medios que lo hagan salir de la marginación de la vida política catalana. Un partido que tenga un proyecto para España no puede al mismo tiempo elaborarlo contra las aspiraciones de la mayoría de la sociedad catalana.

Y, en cuanto a políticas sociales y económicas, más allá de los tópicos, sabemos que las diferencias entre el PSOE y el PP no son tan grandes como dicen sus voceros. Pero sí hace falta ganarse una credibilidad con propuestas viables. Y es que, por mucho que sea el deterioro que viene sufriendo el Gobierno, la ciudadanía no está dispuesta a dar un cheque en blanco a un partido cuyo discurso se sustenta sobre ambigüedades y luchas intestinas. ¿Saldrá Rajoy de su tibieza y de su falta de concreción? ¿Aprovechará las vacaciones para saber a lo que tiene que enfrentarse desde septiembre hasta mayo? ¿O su único discurso consistirá en recordarnos lo mal gobernante que es Zapatero?

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