Inventario de perplejidades

Sobre complicidades secretas

Con tintes de escándalo se han publicado unos documentos del Pentágono en los que se certifica la colaboración entre los servicios secretos de Pakistán y los talibanes

29.07.2010 | 14:14

En la prensa mundial se han publicado, con tintes de escándalo, unos documentos del Pentágono en los que se certifica la colaboración entre los servicios secretos de Pakistán (estrecho aliado de Estados Unidos) y los talibanes (declarados enemigos de Estados Unidos en la guerra afgana). Además de eso, que aparenta ser una revelación sensacional, se da cuenta detallada de la muerte de miles de civiles inocentes por bombardeos indiscriminados de la OTAN (alianza en la que participa España), de la existencia de comandos especiales para asesinar a supuestos dirigentes enemigos, y de otras acciones que sólo pueden ser calificadas como crímenes de guerra. La información ha sido difundida por una organización Wikileaks, creada en 2007 por el periodista australiano Julian Assange, que no acepta dinero de gobiernos ni empresas privadas y se financia con aportaciones individuales. En el año 2009, Amnistía Internacional le concedió un premio por sus revelaciones sobre ejecuciones sumarias en Kenia. Al margen de la credibilidad de la fuente, que no ha sido negada por el propio gobierno norteamericano (sólo preocupado por saber dónde se produjo la fuga informativa), en los documentos no se dice nada que ya no hubiese sido anticipado por otros medios independientes, si bien de reducida difusión. La existencia de bombardeos a cargo de aviones no tripulados ya se sabía aunque el mando militar no reconoció nunca su existencia y daba versiones falsas sobre la realidad y, fundamentalmente, sobre el número de víctimas inocentes, cifrado en miles de muertos y heridos.

La invasión de Afganistán es un escándalo internacional en el que se mezclan los intereses estratégicos de Estados Unidos, la codicia por la apropiación de sus riquezas, el control de la bolsa de gas y petróleo de Asia central, los beneficios de la producción de heroína a partir del opio (el 90% de la producción mundial), y la proximidad a los territorios de China y de la India, dos potencias emergentes. En cualquier caso, la revelación de los papeles del Pentágono sobre Afganistán resultará en la práctica tan inútil como fueron en su día la revelación de los papeles del Pentágono sobre Vietnam, en los que se había puesto de manifiesto la mentirosa conducta de todos los presidentes norteamericanos (Truman, Eisenhower, Kennedy, Johson y Nixon) respecto de los planes de guerra en el sudeste asiático. Molestarán un poco a la clase política pero no cambiarán el rumbo de los acontecimientos. La lógica militar tiene un sentido del tiempo distinto del de la lógica civil, aunque teóricamente la primera debería estar siempre subordinada a la segunda. Ahora bien, lo que resulta más significativo de estos papeles es la constatación de la complicidad entre los servicios secretos pakistaníes y los talibanes respecto del curso de la guerra. Todo el mundo sabe que Pakistán es un estrecho aliado de los Estados Unidos, de quien se sospecha, incluso, que recibió el placet para el desarrollo de su poder nuclear. Y nada de lo que ocurre en ese país pasa desapercibido para los servicios secretos norteamericanos.

Saber ahora que los talibanes reciben ayuda del Gobierno pakistaní para las acciones bélicas contra las tropas de Estados Unidos y de la OTAN puede parecer sorprendente aunque no nos debería extrañar. Hemos visto antes esos ejercicios de simulación (escándalo Iran-Contra, entre otros). Los talibanes fueron buenos aliados de los Estados Unidos en la lucha contra la Unión Soviética, en colaboración, precisamente, con los servicios secretos de Pakistán. ¿Qué tiene de raro que antiguos amigos se ayuden, aunque sea disfrazándose de enemigos?

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