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tribuna abierta

Borbones de todos los países, unidos

 01:21  

AMADEU FABREGAT Don Leandro de Borbón, tío del rey Juan Carlos, ha convocado para este otoño una reunión de Borbones de todo el mundo en Ciudad Real. Históricamente, los hijos bastardos forman parte del entramado operístico de las monarquías, como antaño los bufones y hoy las princesas plebeyas. Unos tuvieron la fortuna de ser públicamente reconocidos, como don Juan de Austria, hijo natural de Carlos V, otros han tenido que bregar en los tribunales para conseguir el apellido real, como don Leandro. Una bella y espectacular estatua de mármol de Carrara recuerda al joven héroe de Lepanto, uno de los personajes más fascinantes de la historia de España, en su tumba de El Escorial. Don Leandro se tendrá que conformar con algo más sencillo.

La existencia de don Leandro es ya de por sí muy monárquica, porque da continuidad a una larga tradición de hijos bastardos en la realeza española. Su apariencia es tan apabullantemente borbónica que acaba produciendo la impresión contraria: un toque teatral y de irrealidad. Si las mujeres de Almodóvar son hombres que imitan exageradamente a las mujeres, aunque pasa el manchego por ser un gran psicólogo del alma femenina, jajajaja, don Leandro es un Borbón cuya apariencia remeda con desmesura lo borbónico. Su vida familiar está también trufada de conflictos, como mismamente la de su augusto padre. Hace unos meses vi en la tele a sus dos hijas, nietas de Alfonso XIII y primas de don Felipe, muy extrovertidas y muy borbonas también, explicando las extravagancias y desatinos de su progenitor. Por lo visto, después de serle reconocida su estirpe en los juzgados, don Leandro pretendía que sus hijas no tuvieran derecho a llevar el apellido Borbón, a lo que lógicamente se opuso el magistrado.

Resulta poco borbónica, y muy Schleswig Holstein, por la parte germana de la reina Sofía, la actitud poco receptiva de la Familia Real con este Borbón, por más peculiar que resulte el personaje. Peculiares son todas las monarquías, a poco que les metamos el bisturí, y en eso reside además parte de su encanto. Una monarquía sin bastardos sería como un vino sin alcohol, o como Tele 5 sin la Pantoja. Al fin y al cabo, don Leandro es el único hijo vivo de Alfonso XIII. Y la relación amorosa del rey con la madre de don Leandro, la actriz Carmen Ruiz, fue larga e intensa, nada que ver con el catálogo inacabable de queridas que entraban y salían de la cama regia. Sobre este monarca acaban de aparecer dos libros muy poco veraniegos, o sea que mejor que no los lean ahora. En Alfonso XIII, el rey de espadas cuenta Gabriel Cardona que el rey se consideraba un estadista, aunque solo supo ser un espadón. Lo pone verde, vamos, y con sobrados argumentos. Y José María Zavala, un experto en la familia, desmonta en el El Patrimonio de los Borbones el mito de los apuros económicos de Alfonso XIII en el exilio. Según Zavala, la fortuna del padre de don Leandro en esa época equivaldría a unos ciento cuarenta millones de euros en la actualidad.

Si los reyes engendran bastardos, las reinas en cambio se permiten el lujo de ponerles en el trono. Ventajas de ser mujer. Don Juan Carlos es tataranieto de Isabel II, de cuyo marido Francisco de Asís, conocido como "Paquita" en las Cortes europeas, cuentan las crónicas que llevaba más encajes y puntillas que ella en la noche de bodas. La reina se lo montó con alabarderos y generales, y de esos regios amancebamientos proceden los actuales Borbones de la real familia, incluyendo a don Leandro. Enrique Puig Molto, un militar valenciano, fue el padre de Alfonso XIII, que bien hubiera podido llamarse Alfonso Puig Molto y Borbón. Una de sus hermanas, la infanta Paz, acogió discretamente, en su castillo bávaro, a un anciano, su verdadero padre. Y la extravagante y singular infanta Eulalia buscó a su auténtico progenitor sin encontrarlo. Sangre plebeya pues, desde mucho antes de doña Leticia.

Don Leandro la va armar este otoño. El cónclave convoca de entrada a personas con el apellido Borbón, y ya han confirmado su asistencia Borbones de Europa y América Latina. Seguro que aparecen allí hasta los descendientes de los hijos naturales de Felipe V. Las reinas engendran reyes, aunque sus padres sean mozos de cuadra. Pero si realmente, y nunca mejor dicho, acudieran a la cita los descendientes de los bastardos de los dos últimos Alfonsos, el XII y el XIII, no habría recinto en la urbe lo bastante grande para acogerlos a todos. Tan generoso fue el derroche seminal de estos monarcas. Es lo único que repartieron con esplendidez entre el pueblo llano.

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