Aquí una opinión

Música y sexo (o amor)

La música es un capítulo importantísimo en el libro de nuestra vida, casi siempre ligada a los recuerdos

21.07.2010 | 16:00

En una entrevista concedida hace muchos años, Alexis Weissenberg, el gran pianista búlgaro-francés decía que, a pesar de que los compositores están a millones años luz de los intérpretes, el escuchar música era algo tan personal como hacer el amor. Lo entendí como que los genios que habían hecho posible las partituras clásicas estaban muy por encima de los ejecutantes de esas obras y que nos otorgaba a nosotros, los humildes admiradores de unos y otros, la fortuna de poder elegir el cómo y el cuando del deleite de este arte.

La música es un capítulo importantísimo en el libro de nuestra vida, casi siempre ligada a los recuerdos. Nos acompaña desde que nacemos y según vamos comprendiendo su importancia, nos apropiamos de ella. Efectivamente, como hacer el amor, entendiendo la frase no únicamente en su connotación sexual sino el cariño que, a cualquier edad, repartimos entre los que nos rodean, humanos y animales. A medida que integramos la música en nosotros, nos volvemos más generosos con los sentimientos y más abiertos a comprender y a tolerar otras opiniones y a apreciar la belleza. Es imposible que alguien que sienta ese misterioso estremecimiento que nos sacude con (por ejemplo) una sinfonía de Beethoven, sea capaz de garrapatear, (otro ejemplo), la escultura del guerrero de Moore, recientemente dañada, justo después de su restauración en la Rambla santacrucera.

El irnos sacudiendo indolencia, cutrez e ignorancia, es una labor ardua porque ahí está la televisión haciéndonos guiños para que nos espatarremos en el sofá y atendamos sus muchas ñoñerías, discusiones zafias o el correspondiente adoctrinamiento. Pero aquí debemos estar nosotros, centrados en el enriquecimiento personal que significa la cultura de la música. Y lo que de significado tiene. Para Rumi, el poeta del movimiento sufí, la música era "el sonido de las puertas del paraíso al abrirse". Y algo de ese deleite nos embarga con aquellos sonidos con los que sentirnos identificados y que ya nos pertenecen, más incluso que a su autor, porque en un tiempo, incluso en una efímera ocasión, formaron parte de nosotros y de aquellos a quienes amamos y cuya presencia se hace realidad cuando suena esa música.

Durante estos meses de verano, donde nos aconsejan "leer buenos libros" (¿es que, acaso pueden existir libros "malos"? yo me permitiría añadir "y, mientras, escuchar música". Cualquiera, desde cantos gregorianos hasta éxitos de cassette de gasolineras. Porque música es, al fin y al cabo, la representación maravillosa del amor.

(Y, aunque sea un tema diferente, por favor no olviden que Amnistía Internacional recoge firmas en su web a favor de Sakineh Ashtiani, la mujer iraní condenada a muerte por "relación extramatrimonial")

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