apuntes históricos (247)

Los alcaldes de Santa Cruz

18.07.2010 | 05:00

El 14 de octubre de 1925 tomaron posesión los concejales nombrados por el gobierno civil y, en presencia de su titular Guillermo Villar Granjel, los nuevos ediles procedieron a la elección de alcalde. Efectuada la votación resultó elegido Santiago García Sanabria con 31 votos, siguiéndole José Rodríguez Febles con 1. Se eligieron los tenientes de alcalde: primero José Rodríguez Febles, segundo Felipe Ravina Veguillas y tercero Américo López Méndez. García Sanabria había sido alcalde en 1923 y en esta reelección ocuparía el cargo hasta noviembre de 1930, correspondiéndole ahora el puesto 205.

Entre las primeras decisiones del nuevo alcalde hay algunas que pueden calificarse de menores si las comparamos con otras que presentó al iniciar su nuevo mandato: alquitranar 25 de Julio desde la plaza hasta el Paseo de los Coches, desistir por el momento de la prolongación de la calle de La Noria por su elevado costo y aplazar las obras del Parque Municipal hasta que pudiera presentarse un proyecto completo. Pero García Sanabria presentó casi al mismo tiempo otras mociones de mayor importancia, como un plan económico-administrativo para realizar obras en la ciudad, ampliar el presupuesto para los trabajos de la galería Roque Negro-Catalanes, aprobar el pliego de condiciones para la subasta de las obras del nuevo puente de prolongación de la calle Galcerán. También presentó un detallado proyecto de alcantarillado para la ciudad, cuyas condiciones para su ejecución fueron aprobadas, y se creó una comisión encargada de presentar una ponencia sobre el servicio y reglamento de los autobuses urbanos. Igualmente, presentó un amplio plan para reparación de las calles necesitadas de ello –se decía que desdichadamentre son casi la totalidad-, asignando 700.000 pesetas para jornales y hasta 30.000 para materiales. Entretanto, se continuaba con importantes envíos gratuitos de agua a Lanzarote y Fuerteventura y se abonaban facturas por compras de carburo para el alumbrado en el barrio de San Andrés.

No obstante, siendo siempre los recursos municipales limitados, se agradeció y aceptó la oferta de los vecinos de la calle Pescadores –actual Buenos Aires- para tomar a su cargo la instalación del agua a presión en aquel barrio. Pero también surgían motivos de preocupación, que exponía el arquitecto municipal Antonio Pintor avisando de la posibilidad de inundaciones por las obras de encauzamiento que se estaban realizando en la desembocadura del barranco de Santos para amoldarla al nuevo puente sobre la Avenida Marítima. Los técnicos encargados de las obras, rebatieron los argumentos de Pintor aduciendo que la zona ganaría con la mayor altura de la avenida, lo que bien merecía las reformas que se estaban realizando en el entorno del que calificaban barrio más antihigiénico y pobre de edificaciones. El tiempo, que todo lo pone en su lugar, ha venido a dar la razón a Antonio Pintor, y las inundaciones que se vienen sucediendo desde hace siglos, siguen produciéndose cada vez que llueve con cierta intensidad, favorecidas por el estrechamiento del cauce del barranco y ensanche y elevación de las calles circundantes. Con anterioridad, el entonces arquitecto municipal Manuel de Cámara había sido de la misma opinión y tampoco le hicieron caso. El resultado salta a la vista y la parroquia matriz sufre las consecuencias cada vez que se producen lluvias torrenciales, no por culpa del puente de El Cabo, sino por elevar la rasante de las calles y haberse estrechado el cauce del barranco.

El alcalde habilitó nuevos créditos y procedió al traspaso de otros para cubrir el plan de obras aprobado y atender debidamente los servicios municipales, por un total de 1.119.858,46 pesetas. Confeccionó unas nuevas y completas ordenanzas municipales que sometió a una comisión formada por miembros de la corporación y que fueron aprobadas en marzo de 1926, introdujo reformas en el reglamento de los funcionarios, proveyendo nuevas plazas de empleos municipales, y formó otro para la beneficencia domiciliaria. El mismo mes se procedió a adquirir los terrenos necesarios y se adjudicaron las obras del puente Galcerán a Construcciones Hidráulicas y Civiles, mientras se aceptaba la ampliación del empréstito emitido por el Cabildo, mancomunadamente con el Ayuntamiento, para terminar la Avenida Marítima.

Después de largos años solicitando la cesión o permuta del castillo de San Cristóbal y la supresión de varias zonas polémicas, se alcanzaron por fin estas aspiraciones. El Cabildo se comprometió a entregar al Ayuntamiento 500.000 pesetas por el castillo y se ocuparía de su demolición, canjeándose por nuevo edificio para gobierno militar a construir en el solar del antiguo picadero de la calle de la República, esquina a 25 de Julio. La batería de Isabel II se tasó en 15.000 pesetas, la de la Concepción en 80.000, los solares de Duggi designados para los cuarteles que nunca se hicieron, en 60.000 y el polvorín viejo de Regla en 45.000.

El proyecto de modificación del presupuesto para 1926-1927 se debatió en los meses de abril y mayo y quedó aprobado con un capítulo de gastos que superaba los 6.150.000 de pesetas. Casi al mismo tiempo García Sanabria presentó un proyecto de bases para la creación de un Cuerpo de Bomberos.

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