Inventario de perplejidades

Desbordamos el millón

Madrid es una ciudad bullanguera que gusta de celebrar los acontecimientos –alegres o luctuosos– echándose a la calle

15.07.2010 | 15:40

El pretexto es lo de menos. El lunes pasado, la ocasión fue la llegada de los campeones del mundo de fútbol desde Sudáfrica. Una marea humana –así la definen en algún periódico– abarrotó calles y plazas y la fiesta duró desde la mañana hasta bien entrada la noche. Es difícil cuantificar cuántas personas acudieron, pero, normalmente, en cuanto el tumulto pasa de un cierto número, se dice, a ojo de buen cubero, que la cifra de asistentes se acercaba al millón. El célebre millón de manifestantes madrileños, siempre dispuesto a servir de telón de fondo para cualquier acontecimiento histórico que merezca su concurso. Se movilizó un millón de personas para saludar el advenimiento pacífico de la República y el fin de la Monarquía borbónica. Se movilizó un millón de personas para celebrar la entrada de las tropas nacionales al término de la Guerra Civil. Se movilizó un millón de personas en la plaza de Oriente para responder al bloqueo contra el régimen de Franco y la retirada de embajadores. Se movilizó un millón de personas para recibir al presidente norteamericano Eisenhower.

Se movilizó un millón de personas para asistir al entierro del general Franco y a la posterior coronación de su heredero, Juan Carlos de Borbón. Se movilizó un millón de personas para manifestar el dolor por la matanza de los abogados comunistas en Atocha. Se movilizó un millón de personas para dar apoyo a la democracia después del fracasado golpe de Estado del 23 de febrero de 2001. Y así sucesivamente.

El millón de figurantes no desfallece y siempre está atento a intervenir. Lo pudimos comprobar también durante el entierro del alcalde socialista Tierno Galván, las varias manifestaciones contra el terrorismo de ETA, la boda de los príncipes de Asturias y la repulsa por los salvajes atentados del 11 de marzo de 2004. A poco que varias decenas de miles de personas se apretujen las unas contra las otras en las calles y plazas de Madrid, redondeamos la cifra de un millón, del mismo modo que hicieron los comerciantes con los precios cuando pasamos de la peseta al euro. Hemos cifrado en un millón de asistentes el éxito de cualquier convocatoria y una participación que baje de ahí es considerada un rotundo fracaso. Por eso mismo, desde hace años, se discute encarnizadamente sobre el particular dando versiones distintas según las fuentes consultadas. Cuando el cardenal Rouco Varela convocó en Madrid una manifestación para protestar contra la persecución a la Iglesia (?), los locutores de la cadena de radio episcopal se indignaron porque algunos organismos públicos hubieran rebajado la cifra de un millón de asistentes a solo 70.000. Y claro está, les pareció la prueba más evidente de la persecución que decían padecer. Desconozco si el cardenal Rouco Varela, Kiko y su guitarra, los Legionarios de Cristo y otras congregaciones pías llegaron o no a reunir el famoso millón en Madrid, pero si damos por buena esa cifra y la comparamos con la marea humana que supuso el homenaje a la selección nacional de fútbol entonces debemos concluir que el lunes pasado había varios millones de personas en las calles y plazas de la capital de España. Cinco o seis millones. Tantos como habitantes censados. Lo nunca visto.

El filósofo madrileño Ortega y Gasset definió a la ciudad de Madrid como el "rompeolas de España", queriendo significar que allí batían todas las aguas agitadas de la vida nacional.

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