Tribuna abierta

Lecciones del Mundial

El mundo del deporte, en general, y aquel que se practica en grupo, de forma particular, es una fuente de inspiración, no sólo para los que nos dedicamos al estudio del comportamiento de las personas

13.07.2010 | 14:18

Cualquier competición reúne en su entorno todos los ingredientes que se encuentran en otro tipo de relaciones y, no digamos, en el ámbito de las organizaciones, incluso de las que carecen de ánimo de lucro.
Los desafíos, el afán de superación y la ambición sana, el esfuerzo, la perseverancia, el espíritu de equipo, el sentido de pertenencia, la ética y el "fair play", etc. son valores intrínsecos a toda manifestación deportiva que se precie y qué decir del fútbol, que aglutina en su entorno tantas emociones e incluso pasiones compartidas. Porque hay que ver su capacidad de movilización a todos los niveles y en todo el mundo; no es por casualidad, sino por causalidad.

Probablemente, es este deporte el que más interés colectivo despierta, especialmente en aquellos países donde sus nacionales han tenido la oportunidad de competir en el último campeonato mundial celebrado en Sudáfrica. En algunos lugares casi se paralizaron todas sus actividades, para seguir de cerca el desarrollo de los partidos. Por algo sería, y no extraer de estas situaciones alguna buena lección sería una oportunidad perdida que no deseo para mi, ni para quienes me puedan leer.

No descarto que estas manifestaciones populares y multitudinarias puedan ser contempladas con otros criterios, y también hay que hacerlo, pero no son tantas aquellas en las que podemos encontrar mayores unanimidades. Poder ver, oír y sentir los "colores" de España, y no sólo dentro de nuestro país, en torno al desarrollo de esa competición donde además destacamos de forma tan positiva, es algo que induce alegría, satisfacción generalizada y también orgullo. Ver ondear nuestra bandera en todas las esquinas y celebrar los triunfos de nuestra selección de manera tan masiva es reconfortante, estimula y permite pensar –objetivamente- que nuestras potencialidades están por explotar, y no sólo en el ámbito deportivo. Creo que podemos, incluso debemos, aspirar a que así sea.

Nuestro equipo no ganó la copa del mundo de una forma casual, ni mucho menos. Su triunfo ha sido el fruto de un trabajo bien hecho, también de la conjunción de los valores a los que he hecho referencia y, por qué no decirlo, de una afición que ha seguido, apoyado y creído que lo conseguido era posible. Aquí no han existido discrepancias paralizantes, ni nadie se ha ocupado de poner "palos en las ruedas"; en todas las instancias hemos podido apreciar un mismo interés generalizado por la victoria. Si somos capaces de movilizar estos recursos en otras áreas como la económica, la social o la política, es legítimo pensar que no hay ningún objetivo colectivo imposible; no existen metas difíciles que no podamos alcanzar con razonables garantías de éxito. La selección de fútbol nos ha mostrado un camino para conseguirlo: juntos podemos. ¡Adelante!

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