tribuna abierta

Melenas legales

10.07.2010 | 05:12

Lo bueno que tiene la posmodernidad es que uno puede aprovecharse de los muchos adelantos técnicos sin saber no ya cómo funcionan, sino ni tan siquiera qué son. Así, me he topado con un artilugio del mundo virtual de la red de redes al que llaman Eskup. Entré en él con cierta prevención, no fueran a escupirme, pero resultó que no; va de otra cosa. De noticias cortas, apenas un suelto, metidas allí por periodistas cuyo prestigio no les ha llevado a perder la afición. Pues bien; Ángeles Espinosa, corresponsal histórica en Teherán y con tanto renombre como para tener un apartado propio en Google, hablaba en el Eskup de hace un par de días de la iniciativa llevada a cabo por el Ministerio de Orientación Islámica de Irán presentando un catálogo de cortes de pelo religiosamente correctos para los hombres.
En mi ignorancia culpable, ni siquiera sabía que existiese en el Gobierno iraní un ministerio destinado a velar por la orientación islámica, prueba suficiente de su coherencia y necesidad. Pero el descubrimiento del arte persa para prever urgencias administrativo-religiosas queda empequeñecido por lo magnífico de la operación que lleva a los hombres a equipararse hasta cierto punto con las mujeres de aquel país en lo que respecta a mandamientos de etiqueta y acoso. Cierto es que ningún dictamen relativo al cuidado de la pelambrera puede igualar, en cuanto a tocamiento ministerial de partes nobles, al "burka", pero se trata de un paso en la buena dirección. Así, Ángeles Espinosa nos cuenta que las melenas y las coletas quedan excluidas del peinado masculino. Y por si cupiese aún alguna duda acerca de lo que es melena y lo que no, una norma general de obligado cumplimiento deja bien claras las cosas. Los cuidados y afeites de peluquería seguirán en todo, por lo que hace al género masculino, a los principios inspirados en la cultura y religión de los iraníes, es decir, en la ley islámica adaptada a las tradiciones locales.

A primera vista me pareció que queda un poco frívolo eso de extender los credos religiosos a los afeites de la barbería y estilismo capilar, pero, a poco que se recapacite en ello, aparecen las ventajas. De hecho, me pregunto si el Ministerio de Igualdad que existe en nuestro Gobierno, no ya islámico pero sin duda católico, ateniéndonos al concordato, habrá tenido la cautela de incluir en su plan estratégico un capítulo de peluquería con fines, si no normativos –que al fin y al cabo estamos en un país de supuesto (es decir, imaginario) agnosticismo oficial–, al menos aptos para la orientación. Un catálogo del atuendo, apariencia, modos y pelajes de los ciudadanos y las ciudadanas, ya sean por separado o a la vez, que sirva de guía de costumbres, catecismo de virtudes, tutela de angustias y espejo de jueces encargados de conceder el DNI. El alcance de las melenas, coletas, tatuajes, perforaciones, velos, cortes en los vaqueros y demás muestras de independencia de espíritu merecen una reflexiva y oportuna orden ministerial.

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