tribuna abierta

La interpretación constitucional, un filón inagotable

11.07.2010 | 01:36

Comencé esta columna conociendo el borrador publicado por El Periódico gracias a una filtración que, entre nosotros, parecen formar parte del contenido esencial del derecho a recibir información veraz. Hoy, conocida ya la sentencia se comprueba que el borrador nos contó ya lo principal del asunto y que, en efecto, la filtración nos había proporcionado información veraz. Queda por saber lo que al respecto hará el Tribunal Constitucional que, apuesto, será nada.

El asunto está bastante claro, aunque habrá que esperar a leer con detenimiento la sentencia completa y los votos particulares, alguno de los cuales sostendrán no ya una opinión distinta sino una muy diferente concepción del Estado de las autonomías. La mayoría del TC, dejando a un lado el enredo sin sentido sobre el preámbulo que no merecía tanto énfasis y algunas cuestiones cuya inconstitucionalidad era evidente como la del Sindic des greuges o las que afectan al poder judicial, lo cierto es que ha sido partidaria de la interpretación más favorable a la descentralización, al aumento de competencias de las Comunidades, a su libre expansión. Por eso interpretan muchos artículos del Estatut con las técnicas con las que se argumentan en favor de la causa que se apoya. Es lo que han hecho los magistrados de la mayoría. Defienden que los contenidos de un Estatuto de Autonomía pueden llegar a ser amplísimos, no limitándose a, como dice el artículo 147 de la Constitución, fijar la denominación y el territorio de la Comunidad Autónoma, sus instituciones y competencias. Un Estatuto puede contener derechos, definir el alcance de las competencias estatales, perfilar el poder del Estado y el ámbito de sus normas. No son Constitución, pero casi. El TC es el único que puede declarar la inconstitucionalidad del Estatuto y lo hace en contadas ocasiones y cuando no le queda más remedio. Para no llegar a eso el TC ensaya interpretaciones, muy forzadas para unos, correctas para otros. Un sencillo ejemplo: cuando leemos que Cataluña tiene símbolos nacionales, o sea, de nación en el lenguaje común y político, el TC dice que no se refiere a los de la nación porque Nación no hay más que una, sino a los de Cataluña como la nacionalidad que es. Podía rechazar el término pero no, el TC lo admite y le cambia el significado. En otras ocasiones el TC se vale de los recursos propios del lenguaje jurídico para decantarse a favor del Estatuto. Por ejemplo, cuando un artículo atribuye una competencia o una facultad a Cataluña y añade la coletilla elusiva de "en los términos que la ley establezca", el TC acepta la técnica y dice que hay que esperar a lo que esa ley diga en su momento. De esa forma mucho de lo que el Estatuto dice queda, de momento, en pura hojarasca, pero queda en el Estatuto y veremos que pasa más adelante. Es lo que sucede con bastantes derechos que reiteran los de la Constitución. Nada añaden pero ahí quedan y en el futuro, ya se verá. O lo que ocurre con la llamada disponibilidad lingüística que obliga a un comerciante a atender a un cliente en la lengua en que este pida ser atendido, en los términos que diga la ley. El TC lo deja estar, pero queda en el Estatuto para cuando llegue el momento. Muy arriesgado. Como cuando sobrevuela sobre muchas cuestiones lingüísticas. En otros casos, materia judicial, por ejemplo, la inconstitucionalidad deriva de que eso debe decirlo una ley estatal, de modo que en cuanto esta se cambie, Cataluña tendrá un órgano similar al Consejo General del Poder Judicial. Sí, Cataluña ha consolidado tras la sentencia del TC, tras sus interpretaciones en gran medida, un paso importante en la dirección marcada por el nacionalismo de nación o de nacionalidad. Quien no desee dar ese paso, mejor que apruebe un Estatuto distinto.

Quienes creyeron que la Constitución decía una cosa ahora se dan cuenta de que dice muchas más de las que expresamente dice; a veces lo contrario de lo que creían. La Constitución es, por voluntad del TC, extraordinariamente elástica y dice lo que el TC le hace decir. Así de sencillo. Se explica que la elección de los magistrados sea una cuestión decisiva en la política española; así será hasta que los políticos reformen la Constitución, que es más difícil que interpretarla, pero para los ciudadanos sería más claro, más lógico y más democrático.

* Catedrático de Derecho Constitucional

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