apuntes históricos (246)

Los alcaldes de Santa Cruz

11.07.2010 | 03:33

Al comenzar 1925 seguía el alcalde Francisco La-Roche, al que sustituía en sus ausencias el primer teniente José Rodríguez Febles. Se estudiaba el proyecto que había presentado la Compañía de Construcciones Hidráulicas y Civiles para el nuevo puente sobre el barranco de Santos, el puente Galcerán, y se acordó aumentar su anchura, para lo que fue necesario suplementar el presupuesto en un tercio de su valor.
En cuanto a la Compañía Eléctrica, cuya deuda se iba saldando por entregas parciales, se intentaba incrementar los pagos de 25.000 pesetas acordados para cubrirla lo antes posible, más aún cuando se recibió un informe encargado a ingenieros sobre las deficiencias que se daban en el suministro, y se deseaba tener las manos libres para presentar las reclamaciones pertinentes. No era la Eléctrica el único motivo de preocupación. El ingeniero Pedro Almendáriz reclamaba sus honorarios por el proyecto de capatación de aguas en la galería Roque Negro-Catalanes y, lo que era más grave, la sección de Presupuestos de la Delegación de Hacienda pedía la rendición de cuentas de los ejercicios de 1903 a 1906 y de 1912 a 1922.

Una muestra de la importancia adquirida por el tráfico rodado se hizo patente cuando el industrial Rodolfo Bencomo, en nombre de Uribe, S. A., pidió licencia para instalar cinco surtidores de gasolina en las calles de la ciudad, creando un dilema a la corporación por la absoluta falta de antecedentes sobre este asunto. Después de mucho deliberar se concedió el permiso bajo una serie de estrictas condiciones.
Otro inconveniente, esta vez de protocolo y representatividad. En un homenaje a los Reyes celebrado en Madrid, al que acudió el alcalde Francisco La-Roche Aguilar, se concedió la palabra al alcalde de Las Palmas en represntación de Canarias, ignorando la presencia del que lo era de la capital de la provincia. Informado el pleno a su regreso, se elevó la oportuna enérgica protesta, lo que es seguro no surtió efecto alguno. También se protestó, a instancias del teniente de alcalde José Rodríguez Febles, por la desaparición de la Diputación Provincial en el Estatuto Provincial recientemente promulgado, pidiendo que constara en acta el sentimiento con que el Ayuntamiento había visto lo que consideraba un despojo a la capital.

En el capítulo de obras se procedía al encauzamiento del barranco de Santos a partir del puente del Cabo en su tramo final y, para inciar la construcción del puente de la nueva Avenida Marítima, se hizo necesario el saneamiento y drenaje del antiguo Charco de la Casona, para lo que se instaló una tubería que permitiera su desgüe. En cuanto a arreglos de calles, se aprobó un presupuesto del arquitecto Otilio Arroyo para adoquinado y acerado de varias vías, entre ellas la de Alfonso XIII –Castillo-, Bethencourt Alfonso –San José- y parte de Dr. Allart –Sol-, mientras que se procedía a expropiar el terreno necesario para ensanchar Pí y Margall –Cayo Blanco- entre Méndez Núñez y 25 de Julio. También se concedió permiso a Juan Muñoz Pruneda, como presidente del Club Deportivo Tenerife, para acoplarse al agua a presión para las obras del estadium que estaba construyendo en la calle San Sebastián, y al Cabildo Insular para sus oficinas de la calle Alfonso XIII, número 51. Entretanto, se continuaba con el suministro gratuito de agua a Lanzarote y Fuerteventura para tratar de paliar en parte la tremenda sequía que padecían estas islas, suministro que se prolongó durante muchos meses.

En La Laguna se estaban organizando los actos del centenario del Adelantado, para los que Santa Cruz nombró una comisión que le representara, cuando se recibió una petición para que se llevara a La Laguna la Cruz de la Fundación mientras duraran los actos conmemorativos, a lo que el Ayuntamiento de Santa Cruz se negó. No era la primera vez que se intentaba el traslado, alegando que allí se custodiaba el Pendón.

En junio el alcalde presentó una moción para que viajara a Madrid una comisión para tratar sobre importantes asuntos concernientes a las Islas, especialmente la redacción del reglamento de la Mancomunidad. Dicha comisión estaba integrada por el alcalde La-Roche, Domingo Salazar y Cólogan (Norte) y Juan Bethencourt Herrera (Sur), asignándose un presupuesto de 25.000 pesetas para la misma. Por estas fechas se debatía el presupuesto del Ayuntamiento, cuyo capítulo de gastos se acercaba a los cinco millones de pesetas. Una vez más, inquebrantable al desaliento, el Ayuntamiento volvió a pedir la supresión de las zonas polémicas al Ministerio de la Guerra, con el mismo negativo resultado de siempre.

El 12 de septiembre presidió el Pleno por última vez el alcalde Francisco La-Roche Aguilar, no obstante lo cual, continuó presidendo las sesiones de la Comisión Permanente, en las que se informó de las obras y reformas que se ejecutaban en el Teatro Guimerá y de la visita cursada a los trabajos de Roque Negro-Catalanes, acompañando al técnico director el geólogo Lucas Fernández Navarro.
La corporación presentó su dimisión al gobernador civil, quien al aceptarla expresó que no debía considerarse desastrosa su gestión y menos en lo económico, como lo demostraba el haber dejado fondos importantes en la Caja municipal.

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