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la canción del verano

Variantes canarias de ´Tamar´

Pocas variantes se han podido recopilar en Canarias del romance de Amnón y Tamar, hasta la fecha

 03:08  

ELFIDIO ALONSO Y todas pertenecen a la isla de Gran Canaria, tanto las recogidas por Maximiano Trapero en sus dos tomos, como el único exponente que registra La flor de la marañuela. En ninguna de las versiones puede palparse algún resto o huella de la procedencia bíblica del asunto que desarrollan los versos del romance. Son meras consecuencias de las profundas transformaciones que sufrió a través de su larga andadura peninsular, como ya hemos visto.

Además de esa escasa divulgación que ha conocido este romance en las Islas, parece obligado reparar en la similitud que ofrecen todas las versiones, sin la menor posibilidad de considerar algún rasgo distintivo como diferenciador o típico de comarcas rastreadas tras los pertinentes trabajos de campo. Así llega a decir el propio Trapero que todas las variantes parecen sometidas a un modelo uniforme que las hace repetitivas sin variantes notables.

Modelo que tuvo forzosamente que gestarse en tierras peninsulares, una vez el romance consiguió zafarse de las antiguas ataduras bíblicas, con sus referencias al rey David y a sus hijos. Lo que impide, como diría Alcalay, que se pueda producir una mirada limpia hacía atrás, a la tradición: "Extenderse hacia atrás significa también mirar adelante, gracias a la recuperación de cuantos textos contienen músicas de pastores, nómadas, almuédanos, alquimistas, matemáticos, miniaturistas, orquestas cortesanas y lira de David, la luz y el olor de todas las ciudades de Oriente Próximo, escamoteadas para evocar tan sólo a Jerusalén", escribió el citado autor (traducción de Juan Goytisolo).

De ahí que todas las versiones halladas en Canarias deriven de un tronco común, fabricado con materiales diversos y heterogéneos. Además de la total desaparición de elementos bíblicos, como los nombres del rey de Israel e hijos, el nudo argumental del romance toma pasajes enteros de otros asuntos romancescos, como vamos a comprobar seguidamente: Al desaparecer el trasfondo bíblico, el rey David se convierte en un mítico e innominado rey moro, por las razones que ya hemos apuntado. El violador Amnón toma nombres castellanos como Paquito y similares, dentro de un claro tono familiar y moderno. En las versiones canarias aparece el nombre propio de Tarquino, tomado, sin duda, de otro romance que también narra una violación: la de Lucrecia, matrona romana deshonrada por Tarquino Sexto, hijo del último rey de Roma.

En cuanto a Tamar, ya hemos dicho que el nombre de la protagonista ha sufrido innumerables deformaciones, bajo fórmulas descriptivas como las de "paseando en alta mar" u otras de parecido corte. Así ocurre en la versión recogida en la zona del Sudeste, de Gran Canaria, por Maximiano Trapero (8.1): "El rey moro tenía un hijo, / que Tranquilo se llamaba, / allá por los altos mares / se enamoró de su hermana". Este primer tomo del Romancero contiene otras doce variantes, algunas con partituras que son comunes para otras historias romancescas, como se dice expresamente en notas a pie de página.

También la escena en que el padre mira a su hija, los dos sentados a la mesa, parece calcada de otra similar que se describe en Delgadina, como ya vimos en su momento. Lo mismo podemos decir sobre la urgente llamada de los más famosos doctores, para asistir a la parturienta, que tanto recuerda a otra secuencia semejante ya analizada cuando nos ocupamos de La muerte del príncipe Don Juan. "Trajeron siete doctores, / los mejores de La Habana", se dice en la variante 36.1 del segundo tomo del Romancero de Gran Canaria, que contiene otras seis variantes de muy parecido corte.

Por último, la única que recoge La flor de la marañuela presenta los mismos elementos, aunque pueda confundirnos el título de Tamar que se utiliza para encabezar el romance (número 537). También pertenece a Gran Canaria, y fue recopilada por Sebastián Sosa Barroso y Francisco Tarajano. He aquí su arranque: "El rey moro tiene un hijo, / que Tranquilo se llamaba, / allá por altos mares / se enamoró de su hermana". También se cita a los médicos, que son cinco y llegados de La Habana, mientras el desenlace es idéntico a los anteriores: "Al cabo de una hora, / un Tranquilo que lloraba".

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