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La nula eficacia

Aunque a los jueces les cuesta admitirlo, se limitan a seguir las instrucciones de los ciudadanos

 13:27  

MATÍAS VALLÉS Sin embargo, el Tribunal Constitucional acaba de enmendar la soberanía popular expresada a través de un referéndum, sin atreverse a desairarla radicalmente. La corrección de estilo del Estatut ha irritado simétricamente a los nacionalistas catalanes y españoles, entendiendo el nacionalismo como la ideología de quienes están convencidos de haber elegido el lugar donde nacieron. Los cuatro años de mórbida gestación han demostrado como mínimo que una parte sustancial de magistrados no son contrarios al texto escrutado, sino que se oponen a cualquier estatuto de autonomía. En su expresión más patológica, esa obsesión no condena a los catalanes como malos españoles, sino que los considera indignos de acceder a ese pasaporte.

Montilla debería felicitarse de que los magistrados no hayan aprovechado la embestida para anular preceptos del primer Estatut catalán. Incluso es posible que, después de la poda, el precedente fuera más avanzado que el resultado de la mutilación de su sucesor. O que la Carta Magna fuera más lejos que los magistrados conjurados –han jurado o prometido el cargo– para interpretarla. Cabe recordar que la cuestión a debate tiene que ver con el Constitucional, pero no necesariamente con la Constitución. Al proceder a la identificación sin más de ambos conceptos, los laicos demuestran mayor credulidad que los buenos cristianos, que mostrarían mayores prevenciones a la hora de equiparar al Vaticano con su fe.

Para un profano, la sentencia del Constitucional es jurídicamente irreprochable, al igual que su contraria. Sin embargo, la lógica se estremece cuando la sublime instancia judicial señala que la referencia a Cataluña como nación, fijada en el preámbulo del Estatut, "carece de eficacia jurídica". Si los preámbulos no tienen valor de ley, qué hacen dentro de un texto legal. El preámbulo no es un borrador apresurado, ni el precalentamiento de un partido de la máxima. Los goles valen desde el primer minuto. Trampear con los símbolos no disminuye su impacto. En consonancia con su esotérico pronunciamiento nacional, el altísimo tribunal puede decretar que la bandera "carece de eficacia textil".

Si el preámbulo del Estatut "carece de eficacia jurídica", a qué viene recogerlo en publicaciones tan estrictamente jurídicas como el Boletín Oficial, donde no se recuerda la aparición de viñetas cómicas, caricaturas o efusiones poéticas de los legisladores. La expresión parece disculpar un desahogo comprensible de los políticos catalanes pero, en su benevolencia con los arrebatos, promulga una excesiva laxitud en la redacción de preámbulos, que podrían contener letras de Shakira o graffiti, sin menoscabo de la eficacia jurídica del texto que encabezan. Extendido a actividades menos esenciales, no cabría denunciar el hallazgo de un gusano en una botella de refresco, porque el anélido "carece de eficacia bebestible".

La fachada forma parte del edificio, los críticos de la sentencia del Estatut concluirán que, en materia de eficacia jurídica, el Constitucional es un auténtico preámbulo. Llevando la extirpación virtual al terreno del corporativismo, un redactor en apuros legales podría alegar que la información que puede costarle una condena "carece de eficacia periodística", por lo que no puede ser cuestionada ante un tribunal. O decretar que este artículo "carece de eficacia gramatical", para ahorrarse el esmero en la escritura. Cada ejemplo se hace más ridículo que el anterior, tal vez porque en la mayoría de campos no se admiten razonamientos de frivolidad excesiva.

Por no dar tregua a su rechazo del Constitucional, Cataluña corre el riesgo de menospreciar la eficacia no jurídica de su preámbulo, que posee la energía suficiente para cohesionar a una sociedad. La manifestación de hoy se convoca bajo el lema "Nosaltres decidim, som una nació", donde la reivindicación decisoria y nacional presume que ambos rasgos han sido expurgados por el supremo intérprete de la Constitución. Sin embargo, esa frase condensa el fragmento del preámbulo en disputa, donde los representantes legales catalanes –no caducados, como en el caso de los magistrados constitucionales– asumen la condición nacional. Ya han decidido, y un tribunal dudosamente eficaz no se ha atrevido a despojarles de su sueño, aunque insiste en despertarles.

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