tribuna abierta

Escribiendo a la sombra de un limonero

Los martes por la tarde suelo pasar a tomarme algo en la casa de Rafael Arozarena y me siento un rato en el porche con él a contemplar su jardín

 13:28  

FRANCISCO JAVIER LEÓN ÁLVAREZ Lo tiene bien cuidado, lleno de limoneros que vigilan cada uno de mis movimientos, sintiéndome un David miope que tiene que enfrentarse a los energéticos Goliats. Somos de pocas palabras así que hablamos los justo hasta el punto que hay días en que sólo nos saludamos con un guiño de ojos o arqueando las cejas en una mezcla entre estupidez adulta y lucidez infantil.

Pero el otro día hice una excepción: rompí ese silencio que cariñosamente nos profesamos. "Quería decirte que hace poco llegó a mis manos una edición especial de Mararía en la que participaban muchas instituciones y que debería estar numerada y firmada por ti". Seguía mirando el movimiento de las hojas de los limoneros y ni siquiera se inmutó cuando le dije que ni una cosa ni otra se habían cumplido. Su sombra se prolongaba seria por los escalones y rozaba mi cuerpo. "Parece que sólo vales eso: una triste obra de la que todos quieren sacar rentabilidad. Eres más rentable muerto que vivo. Figúrate que hasta te han dedicado recientemente la fecha conmemorativa del Día del Libro e impreso marcadores con tu fotografía. No te quejes que al menos el dinero público lo invierten en ti en vez de cambiar el tejado del chalet de algún concejal".

Sabía que juzgaba cada uno de mis comentarios pero también que el peso de su sentencia sería un cóctel de cordura e ironía. "Por abajo las cosas siguen igual que siempre y a veces prefiero atrincherarme en la azotea de mi casa con una manta y tumbarme observar el cielo estrellado: es lo único limpio que existe y aún así corremos el riesgo de perderlo. Si hablas o escribes más de la cuenta acaban censurándote y te arrinconan como a un perro rabioso al que hay que degollar. Te asombrarías cómo ha ido cambiando la literatura y el periodismo y te horrorizarías al comprobar que más de uno se cuelga el San Benito de ser "escribidor leído y versado". La pluma fácil sólo conduce a letras bañadas burdamente en modas. Oye: ¿tú no le pones nada de beber a los invitados? Me muero de sed.

Antes de marcharme quería pedirte que me hicieses un pequeño favor: el padre de una persona especial va a ser tu vecino a partir de ahora y quizás esté un poco desorientado así que me gustaría que lo invitases algunas tardes a tu jardín. Te advierto que es de armas tomar porque tiene buena conversación y un resquicio de rancio catolicismo que se supera rápidamente por su carácter afable. Él también tenía uno con un limonero, un perro y un banco con historia que ahora ocupa a veces su hija.

He estado pensado que ya es hora de hacer cambios en el tuyo y plantar algún naranjero para darle más colorido y diversidad y de paso probar nuevas frutas, no sea que de comer siempre lo mismo perdamos el sentido del gusto. Así que el próximo día me traigo las herramientas y el abono y hurgamos en la tierra, comprobando que las raíces se mezclan con las lombrices, que también tienen su cometido en el ciclo de la naturaleza. Por cierto: afortunadamente cada mañana se me olvida más el argumento de Mararía.
Creo que hablaba demasiado. Entonces me di la vuelta y me regaló una escueta sonrisa de viejo mirando aún las hojas de los árboles como un pastor cuida su rebaño de ovejas mientras acaricia la cabeza de su perro.

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