Zigurat

La Laguna... ¿paradójico desastre?

17.07.2009 | 22:53

En Canarias, aparte de las sangrientas aventuras de Van Der Doess y la imperialista intrepidez de Horacio Nelson, sin olvido de la cruel represión ejercida durante la incivil guerra de 1936-1939 y sus posteriores brutalidades, el deterioro por causas externas ha repercutido de manera diferente. La fragilidad del territorio insular conlleva que una catastrófica etapa de un desmedido turismo –salvaje especulación del terreno y construcción de exorbitantes inmuebles– ha deteriorado progresiva y demencialmente el medio ambiente.
Lo anterior, a título general, porque hay ciudades condenadas a estar patas arriba. Entonces, La Laguna, como inimitable ejemplo... Convendría acceder a un libro, Con el patrimonio a cuestas, del inolvidable Adrián Alemán de Armas. Y es que tan bella ciudad parece una réplica de Sarajevo; calles y plazas reiteradamente "roturadas", también antiguas y espléndidas casas terreras a las que se les prórroga la intrínseca lepra del tiempo –así: que estados ruinosos susciten "esperas de buenos postores"–, lo anterior acentuado mediante la lamentable dialéctica destrucción-construcción-reparaciones-continuas reformas-y-sorprendentes planificaciones urbanas luego a reestructurar...
La Laguna obtuvo el título de Ciudad Patrimonio Histórico-Cultural de la Humanidad, y la memoria centrada en una hipotética e influyente –pero silenciada– respetable ascendencia de GGA sobre MZF, traducida posteriormente en hechos. Estirando el cordel de atropellos anticulturales, desde el 8 de diciembre de 1944, en que fue fundado, por dos buenas personas, Enrique Fernández Remigio y Ramón Manuel Herrera Amaya, un curioso local –por lo inusual– que albergaba La Oficina, trasladado en 1946 a la zona de La Concepción. En esta taberna literaria coincidieron Bonnin, Nijota, Emeterio Gutiérrez Albelo, Juan Oliva, Luis Álvarez Cruz y Manuel Verdugo, entre otros creadores. Algunos de ellos, dotados de admirable genio creador, dejaron constancia del mismo, trasladado a paredes donde el olor a noble vino, suculento queso y jamón, y el añejo aroma de las barricas de madera, fueron silencioso himno. El diálogo, curtido por el ingenio, el humor y la ironía –con la profesionalidad de Ramón Herrera Correa– y un sensible cántico a la vida, cae ahora injustamente, en junio-julio de este año, y a pie de una incalificable voracidad.
Imaginemos una ciudad con nefastos servicios sociales, falta de equipamientos culturales, escasas y deficitarias instalaciones deportivas, sin contrastar planes de empleo (subvencionados por la UE) y algún que otro ciudadano contemplando –a distancia– cómo desde septiembre del año 2007 (¡!) no se le haya devuelto, en sentido estricto, por determinada área municipal, más de 100 libros y revistas, sin que aún se le conceda la legítima posibilidad para confrontar su inventario... ¿Podríamos comparar dicha supuesta ciudad patrimonio histórico-cultural con La Laguna, ciudad cultural...? Sin comentarios... Valga expresar que algunos responsables, deberían velar rigurosamente por una antigua ciudad y si dormita la UNESCO ¿debe ser urgentemente despertada ante tan insólitos hechos...?
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