Dónde está la RIC matarile...
06.01.2009 | 00:00ALBERTO RODRÍGUEZ ÁLVAREZ En más de una ocasión nos hemos preguntado sobre las razones que mueven a Juan Fernando López Aguilar a hacer lo que hace y decir lo que dice. Lo que sí descartamos es que este político de relumbrón actúe de la manera que lo hace sin saber con qué cartas juega y exponiéndose a quedar con el culo -con perdón- al aire ante sus adversarios políticos -¿también enemigos?- y una opinión pública siempre dada a buscar un árbol para colgar a un hombre acompañando al espectáculo con los sonidos de una armónica. A López Aguilar, que fue ministro de Justicia -nada más y nada menos- en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, le ha dado ahora, precisamente ahora, por invitar a los gobernantes canarios a que alumbren a la controvertida Reserva de Inversiones de Canarias -RIC- habida cuenta de que los tiempos que corren -de crisis económica, recesión y otras hierbas de parecida especie- justifican el que salgan a flote unos fondos económicos de considerable dimensión. La petición del líder del PSC tiene un fundamento lógico muy sólido ya que el propio empresariado canario no para de pedir agua, hasta por señas, porque no saben, no quieren o no pueden, afrontar un período crítico que le ha metido las cabras en el corral hasta a las denominadas multinacionales. Y si los empresarios, que son los que han sacado partido directamente de este beneficio fiscal, piden ayuda ya me dirán ustedes que podrían pedir unos trabajadores que han pagado religiosamente, por la vía del IRPF y los impuestos indirectos, sus obligaciones con la Hacienda pública sin haberse visto beneficiados por ningún tipo de reserva. Uno esperaba, porque siempre le ha llamado la atención este fenómeno de corte económico, que desde una oposición política liderada por un personaje que se dice a sí mismo estar muy preparado se le pusieran los puntos sobre la íes a un asunto que desde el año 1994 hasta la actualidad anda envuelto en un grado de ocultación preocupante. Ciertamente la detenida lectura de los documentos gestados para controlar este potente beneficio fiscal nos enseña que es preciso hilar muy fino para evitar que a estos fondos se les dé un uso indebido. El que el ex ministro de Justicia haya puesto ahora el dedo en esa sangrante llaga nos inclina a pensar que ni él ni los suyos saben, al detalle, si hasta el día de hoy no se han cometido irregularidades con una Reserva que al igual que las llaves del matarile pueden estar en el fondo del mar. A los canarios de a pie, entre los que me encuentro, nos gustaría saber desde el acceso a un registro de empresas qué cantidad de dinero ha distraído cada una de ellas acogiéndose a la RIC, cuál ha sido el uso dado al dinero distraído y dónde está el dinero sobrante a estas operaciones. Si en realidad no hubiese nada que ocultar la opinión pública podría valorar, por ejemplo y siempre dentro de la suposición, si el chalé construido por un empresario para su uso particular encuentra cabida en la materialización de la RIC. Y quien dice un chalé podría decir un yate, una nave para supuesto uso industrial, etcétera. Y no es que uno pretenda realizar espionaje industrial, a lo que uno aspira, dado que el dinero del beneficio es público, es a que todo empresario que ha resultado beneficiado nos demuestre, cumplimentado los debidos documentos, que la RIC es en sí misma es un valor para todos y no para unos pocos.

