A babor

Todos los días son Reyes

06.01.2009 | 00:00

Se levanta por la mañana creyendo que es muy temprano, se pone a oscuras su bata de franela a rayas, y enciende la lamparita en la mesilla para buscar sus zapatillas debajo de la cama durante unos instantes, hasta recordar que las ha dejado en el salón, a los pies de su sillón preferido, al lado de la mesa camilla dónde anoche dejó también una bandeja con tres copas de sidra y unos turrones, y un enorme barreño lleno de césped que arrancó del jardín.
Porque hoy tocan los regalos. Es día de Reyes, y se sorprende por no escuchar ningún ruido en la casa. Mira entonces hacia el otro lado de la cama y descubre que estaba vacía. Entonces mira el despertador, convencido de que serán las siete o las ocho, para descubrir nuevamente asombrado que las manecillas marcan ya casi las doce de la mañana. "Qué raro, me han dejado dormir", se dice, cada vez más extrañado. Cruza el pasillo, y se dirige al cuarto de los niños. Abre la puerta entornada lentamente, y comprueba que tampoco hay nadie. Baja al salón y lo encuentra igualmente solitario. Siente el corazón latir más rápido.
"¿Dónde se han metido todos?", pregunta a gritos un par de veces, mientras la extrañeza comienza a transformarse en ansiedad. Se acerca nervioso a la cocina. Ve las huellas de la cena apresurada de la noche anterior, los platos amontonados en la pila, incluso los restos de migas de pan sobre el mantel sin recoger......
Abre la nevera, y la descubre casi vacía. "¿Y el roscón?," se pregunta. "Pero si lo compré anoche..." Cae entonces en la cuenta de que algo no encaja en el salón y vuelve corriendo hacia atrás, y abre de par en par las puertas correderas para descubrir muy confundido que no queda en el salón ni rastro de regalos, paquetes o juguetes. Ni tampoco decoración navideña, ni restos de yerba para los camellos, ni la bandeja con las copas, ni siquiera sus zapatillas.
Se precipita a la puerta de la calle envuelto en su bata, temblando más de excitación que de frío, y sólo ve un coche negro aparcado delante, y a su concejal de Urbanismo al volante. Se acerca a él cada vez más inquieto: "¿Qué haces tú aquí?", le pregunta. "Pos esperarte, arcarde. Quedamos aquí a las dose, pa ir a ver ar guiri". "¿Al guiri? ¿qué guiri?", pregunta de nuevo. Y el concejal: "Joer, arcarde, ar guiri der complejo, que hoy nos suerta ya er tres por siento der bissnes..."
Y el alcalde, atónito: "¿Pero hoy no es día de Reyes...?"
Y el de Urbanismo que lo mira con cara de cachondeo. "Arcarde, pero tú qué te metiste anoshe... estamos en marso, tío, y hoy no es día de Reyes, sino día de cobro, joer." Y ante la cara de pasmo del alcalde: "Pero argún regalito seguro que nos va a tocar... si tú quieres es Reyes tos los días".

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