Voz en off

Lujos que proporciona el dinero

07.06.2008 | 00:00

Han detenido a un grupo de personas por llevar a cabo el timo denominado cartas nigerianas, consistente en enviar miles de misivas a destinatarios de todo el mundo anunciándoles que les había tocado un premio gordo de la prestigiada lotería española. Lograron timar a 1.500 personas que facilitaban sus datos bancarios y adelantaban dinero, primero como pago de los trámites para cobrar el supuesto premio, y luego para las mil tretas que se inventaban los timadores, quienes obtuvieron unos 27 millones de euros a través de este sistema, aunque la policía aventura que han podido ganar hasta 2.500. Lo fascinante del esperpéntico asunto es comprobar con qué ansia esperamos que el mundo nos premie en cualquier momento con un montón de dinero sin que hayamos hecho nada para ganarlo (no digo ya merecerlo, que no sé yo si alguien puede merecer semejante maná).
Cómo es posible que a estas alturas, con la de timos que han llovido, la gente siga sin desconfiar del dinero fácil sería cuestión de profundo análisis si se tiene en cuenta que hay una mujer en España que ha logrado vender trozos del cielo. Pero no deja de ser el sueño de todos (excepción hecha de esos elevados seres que han alcanzado el Nirvana o descansan en algún escalón cercano) que de repente nos veamos afortunados con tal cantidad de dinero que podamos romper con la vida que llevamos.
Debe ser porque no vivimos tal y como deseamos. Siempre falta un jardín, una tele de plasma, un par de billetes a Nueva York en primera clase (ahora nos saldría más barato a los canarios hacer la compra allí que en la Recova) o una casa alejada de molestos vecinos.
Quien más y quien menos ha desbrozado alguna vez con los amigos y entre copas en qué gastaría esa enorme cifra de una lotería con acierto pleno. Total, soñar no cuesta nada. El caso es que algunos reportajes sobre cómo le han ido a personas que ganaron una enorme fortuna demuestran que las cosas no les fue como ellos habían planeado y que el dinero se esfumó a velocidad de vértigo. Encima, el mundo les cambió los rostros queridos por un montón de interesados pedigüeños. Por algo esos ricos que son muy ricos nunca dejan de trabajar ni de mover su dinero. Deben saber que no existe satisfacción sin retos y con una lotería repentina el concepto reto se desdibuja bastante. Pero si por algo merece la pena ser rico, rico, muy rico, es para permitirse el lujo que se permitió Warren Buffet (anda a la par con Bill Gates) hace poco. Y que no consistió en encargar un avión supersónico con cubierta de oro, ni en proponerle un polvo colectivo a las diez féminas más bellas del mundo, ni en hacerse una tumba en la luna, no. Sino en culpar de la recesión económica actual a los excesos bancarios. Sólo alguien que no dependa del dinero de un banco puede hacer semajante acusación en grandes titulares. Todo un lujo.

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