En otra clave

Petróleo y futuro

05.06.2008 | 00:00

La subida galopante de los precios del petróleo está colocando a las economías occidentales en una situación crítica. Los gobiernos se sienten incapaces de confeccionar razonablemente sus presupuestos o de realizar previsiones incluso a corto plazo, pues el descontrol de los costes energéticos imposibilita cualquier proyección de futuro. Pero no son, por desgracia, los ministros ni los responsables de las altas finanzas ni los grandes líderes de organizaciones transnacionales los que hoy atraviesan la situación peor, sino los ciudadanos de a pie y las pequeñas y medianas empresas.
Como una tormenta que comienza a desatarse, broncos gritos de malestar truenan ya por Europa entera. En España, la patronal de pescadores se ha cansado de faenar en sus barcos y ha salido a las calles para exponer la airada protesta de gentes que no pueden aguantar más. Contamos con la mayor flota del continente, pero a los profesionales del sector les resulta imposible pagar un crudo que el pasado año estaba a 67 dólares y ahora se halla justamente al doble. El gasóleo ha subido un 230 por ciento desde 2003. A la cólera de los hombres de la mar españoles se está sumando la de sus colegas portugueses, italianos, franceses o belgas. Por idénticas causas, pronto tendremos noticias del enfado de agricultores y ganaderos, de camioneros y taxistas, de millones de particulares forzados a utilizar sus vehículos para ir a trabajar y que comprueban cómo el depósito de la gasolina les succiona una parte importantísima del salario.
El presidente de Irán debe estar frotándose las manos. Sin necesidad de la famosa bomba atómica con la que nos trae en jaque, Occidente desfallece y no sabe qué hacer ni a qué medidas recurrir. Ha bastado la asfixia del petróleo para desbaratar la economía capitalista y para reducir notablemente nuestro bienestar, por lo que Europa toca a rebato. Lo hace con tal desesperación que no me extrañaría que alguien comience ya a pensar en sacar del baúl del olvido los cupones de racionamiento para carburantes, con la inevitable consecuencia de granujas medrando a costa del mercado negro. O eso, o el dogal de una carestía energética insostenible para la sociedad entera.
Si añadimos, en el caso español, el parón brusco de la construcción y la lentitud con la que se han buscado soluciones a la crisis por miedo a que el reconocimiento oficial de ésta incidiera en el resultado de las elecciones; si añadimos las bocas de millones de inmigrantes con el mismo derecho a comer que tenemos nosotros..., el futuro inmediato que se nos presenta es bastante oscuro. Oscuro y escurridizo como el petróleo que origina nuestros males.

Enlaces recomendados: Premios Cine