A babor

La normalidad es una foto

05.06.2008 | 00:00

Rivero logró por fin hacerse la foto que tanto ansiaba. Meses de escandalera acomplejada con lo de ser recibido, y resulta que ha sido el tercero de diecisiete, sólo después del lehendakari y el de Castilla y León. A la entrada, ya saben, palabras y sonrisitas en la escalera, al estilo ministro Corbacho que tanto le gusta al socialismo del talante.
En la foto, Zapatero y Rivero llevan los pantalones muy arrugados. Eso exigiría una pregunta marxista (sector Groucho) sobre el lugar de donde vienen y el sitio al que van: Zapatero venía de la sesión de control del Congreso, se ve que no tuvo tiempo de planchar el traje. Dicen que Rodríguez Zapatero va camino de una tercera legislatura, pero va a llover mucho hasta entonces. Seguro que la gente olvida la juerga del Partido Popular. En cuanto a Rivero, llegaba de Canarias (una hora menos), y hay división de opiniones sobre adónde va: Soria cree que va de cabeza a la Constitución, pero algunos de sus jaleadores le empujan en dirección al soberanismo. Vayan en una dirección o en otra, la normalidad es que a ambos se le arruguen los pantalones con el movimiento.
En la foto, al lado de Zapatero, Rivero parece aún más bajito de lo que es: la talla del otro no ayuda, pero lo que de verdad cuenta, más allá de la cara de bobos que se les pone cuando hay fotógrafos delante, es que desde ayer podrá Rivero vendernos -hasta que se canse- lo bien que se lleva ahora con Madrid (eso es propio de la normalidad), de la misma manera que hace unos meses nos vendía lo mal que se llevaba (eso era de anormal).
La cuestión es si el encuentro ha servido para algo, aparte esa foto protocolaria tan imprescindible como tradicionalmente inútil. El encuentro se produjo fundamentalmente para abordar dos cuestiones: la financiación autonómica, donde el Gobierno Zapatero no va a bajarse del burro (bastante tiene con afrontar como pueda la bronca de sus propios barones ante el reparto, en plena crisis) y para tratar eso que Rivero llama "la redefinición de las relaciones entre Canarias y Madrid". Rivero tiene la manía de redefinirlo todo a todas horas, pero no sé yo si esta vez va a colar. Más allá de las bonitas y educadas palabras, podremos creer que aquí cambia algo si Madrid paga la Policía de Ruano, si se firman de una vez los convenios pendientes, se desatasca el Estatuto, y se logra callar al PSOE canario, que no está por normalizar, por lo menos mientras las políticas normales por aquí abajo sean las mismas.
Lo cierto es que Rivero planteó para este encuentro unas expectativas que no tienen nada que ver con la floja inanidad de las declaraciones finales. Después de dos horas de darle a la filosa, Rivero ha dicho que las relaciones quedan normalizadas y que ahora "se pasa de la fase del diálogo y las palabras a la fase de los hechos": atentos todos. O sea, más de la misma nada, pero por lo menos ahora le parece que eso es lo normal.

fpomares@epi.es

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