A babor

Primera ficha

04.06.2008 | 01:00

ras ser detenido el lunes Mauricio Hayek, el abogado que fabricó la operación de Las Teresitas trabajando simultáneamente para los propietarios de las parcelas de la playa y para quienes la compraron, Santa Cruz se convirtió ayer en un hervidero de rumores sobre la inminente detención de algunos de los otros procesados. Pero los rumores sólo son eso, rumores. La noticia es que -después de meses de indagaciones sobre Hayek- la jueza Bellini dictó la primera detención en esta causa silenciada por la mayoría de los medios de comunicación tinerfeños. Con un detenido en el calabozo, va a ser difícil seguir afirmando que en Las Teresitas no pasó nada, que todo es un invento de la propaganda canariona o del juanfernandismo destructor.
De hecho, lo que se ha confirmado en las investigaciones policiales es que Hayek se embolsó alrededor de trescientos millones de pesetas por la venta de unas parcelas que nadie sabe como pasaron a ser suyas y además cobró al menos cien millones de pesetas de quien no debía, Inversiones Las Teresitas, la empresa de la que debía defender a sus representados. Ambas actuaciones han sido documentadas por la investigación, y podrían suponer un delito de estafa en el primer caso, y en el segundo una evidente mala práctica, sobre la que en su día habrá de pronunciarse el Colegio de Abogados. Que Hayek cobrara de Inversiones Las Teresitas es muy feo, pero no tengo yo del todo claro si es tipificable como delito. Lo que sí está claro es que nadie paga un adelanto de cien millones de pesetas (no hay aún constancia pública de lo que pudiera llegar tras el adelanto) a cambio de nada. Algo daría Mauricio Hayek a cambio de esos cien millones a Inversiones Las Teresitas, digo yo.
Lo que se cree -ahora falta que la instrucción lo pruebe- es que lo que Hayek vendió a los dos empresarios con más recursos de Tenerife -Plasencia y González- fue el soplo de que Las Teresitas iba a ser declarada urbanizable por el Tribunal Supremo. Él mismo representaba a la Junta de Compensación -los pequeños propietarios- ante el Supremo, y es probable que recibiera un chivatazo previo de algún funcionario. Esa información valía millones y Hayek la vendió a quien podía pagarla. Su soplo inició la operación al comprar la playa Plasencia y González gracias a un extraño crédito de CajaCanarias unos días antes de que se hiciera pública la sentencia que permitía construir en ella. Ese soplo lo inició todo. Y quien lo dio y cobró por él ha sido el primer detenido. Cae una ficha. Y caerán otras...
Muchos suponemos cual debería ser el recorrido de esas fichas de dominó en su caída. Pero la Justicia no funciona con suposiciones: por eso el dominó puede parar antes de llegar dónde debiera... O quizá no.
fpomares@epi.es

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