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La ciprea

Maccanti y su irresistible transparencia

 

ELSA LÓPEZ Me dicen que has leído en un foro dedicado a Luis Feria. Y me dicen que en la prensa del día siguiente no te nombran, ni escriben sobre tu voz y tu poesía palabra alguna. Ni una foto que demostrara tu presencia en el acto. Que hablan de otros que leyeron contigo y de ti ni una palabra. Como si fueras nadie. Transparente... Sé que a estas horas paseas y me lees por las hermosas calles de La Laguna y por eso te escribo para decirte que tú no necesitas estar en foto alguna para que tu voz perdure entre los que saben escuchar y saben bien lo que saben. Sé que ningún periódico del mundo podrá incluir tu foto porque tu foto verdadera no existe. Y si alguna vez ha existido, tu figura misteriosa, huidiza y tierna, no tendría los contornos de este mundo ni habría posibilidad alguna de reproducirte con exactitud. No te importe, amor mío, que las páginas de un periódico vulgar lleno de tintas renegridas y recalentada información, no te nombre. Que salen otros, ya lo sé. Que salen quienes no deberían salir; ya lo sé. Que se llenan las páginas de ninfas correveidiles, mangantes y explotadores y tú no estás en ellas, ya lo sé. Que llegan extranjeros a nuestra tierra y para ellos son la gloria y los halagos y las fotos, ya lo sé. Y tú deberías saberlo y comprender la vulgaridad de comportamiento tan mezquino con lo propio y tan generoso con lo ajeno. Pero no te importe. Escucha, Arturo Maccanti, hay algo que sí deberías saber: existes. Tú estás vivo, Arturo Maccanti. Y ellos muertos. Y todos sabemos que estás ahí, que escribes a pesar de tanta lluvia y tanta campana; que paseas y miras el sol de cada día con la frente bien alta y no hay ciudad del mundo que no reconozca tus pasos. No la hay, Arturo Maccanti. Como no hay palacio o capilla o salón de trono donde no se repitan tus versos o se canten tus poemas. Y nadie habrá que te olvide cuando ya no estés aunque haya periódicos que no te nombren. Aunque haya quienes no lo hagan por desidia o por ignorancia o por el simple hecho de no verte. Que es difícil para muchos vislumbrarte en la luz. De tanta luz, quizá. O quizá por culpa de tu consentida transparencia. Y aún hay más: existen periódicos que transportan ángeles (extraordinarios y misteriosos como tú) en el pliegue de sus alas y que se reparten por todos los planetas donde saben leerte y mirarte a fondo. Esa es la verdad. Lo demás son ferias y vanidades. Literatura solamente.

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