Nuevos tiempos

Una leve lucidez

02.06.2008 | 00:44

Gran parte de los que gritan pudieron ser ministros, directores generales o altos cargos con grandes sueldos. Pero también, gran parte de los que gritan hurgaron en las entrañas del parlamento para hacer caer al "tonto útil" del presidente Zapatero, en una trama de desprecio colectivo, de destrucciones de España, de vende patrias y de contubernio etarra. Ahora se están purgando con las esencias que maquinaron en FAES, para ahogar a los desalmados gobernantes que pareció, durante cuatro años, que no fueron elegidos sino que hurtaron el poder por la fuerza de la sinrazón, como lo han ocupado siempre en este país las derechas extremas, previa guerra civil, acompañadas bajo palio por los siempre sembradores de cizaña doctrinaria.
La convulsa situación en el Partido Popular nos lanza, en el recuerdo, a la que sufrió la UCD compuesta casi por las mismas personas o parecidas voces. La lucidez de Adolfo Suarez que todo el mundo consideró providencial a finales de los setenta, se oscureció por las apetencias y deshonestidades de un colectivo ambicioso que perturbó la paz social y proclamó los principios del deshonor, frente a las ilusiones de un pueblo que había estado sometido durante cuatro lustros a la voluntad arcaica de una dictadura insoportable.
Hoy, voces aprendidas allá atrás, gritones furibundos dirigidos por móvil, los mismos gritones que salieron con los curas a pregonar contra la sociedad laica o la asignatura de educación para la ciudadanía; pensadores del nuevo amanecer, que preconizarán el "volverán banderas victoriosas..." y ahora reniegan de quien maltrató con ellos al poder constituido durante cuatro años; insultan al que ha sido su líder porque otros quieren ocupar su lugar y han pagado ya su impuesto de promesas; apoyados en maquiavélicos medios de comunicación, portales de internet; voceros del escándalo permanente, de la rabia incontenida, de la humillación escalofriante y del escándalo llevado hasta los tribunales judiciales, por estos minúsculos personajillos que se ocultan en la soledad de un micrófono o de un bolígrafo, para hacer los dictados al resto de la sociedad que los atiende, los sigue y los imita.
Ni una leve lucidez aparece cuando la sociedad está pasando por una de las situaciones más críticas de la década; cuando el paro, la carestía de la cesta de la compra, las esperanzas y las ilusiones se estampan contra la realidad, los representantes de diez millones de votantes que por supuesto también tienen escases, sufren en sus nominas, en sus hipotecas o en las pérdidas del poder adquisitivo, se debaten míseramente ante un plato de lentejas. Es hora de recapacitar, de estudiar estrategias, de cubrir necesidades vitales, de esperar tiempos mejores, de dejar que quienes han sido votados mayoritariamente gobiernen y hacerle oposición, por supuesto. Si el valor del petróleo lo permite o los señores de las túnicas blancas y los turbantes de oro lo conceden, podremos entrar en una nueva dimensión. De no ser así mal lo tenemos todos pero especialmente quienes han perdido las elecciones y no lo han logrado comprender, aun.

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