Juegos Olímpicos

El deporte mundial ya mira a Tokio

23.08.2016 | 00:46
El deporte mundial ya mira a Tokio

En las gradas de Lagoa, la gran cuna de medallas para el piragüismo español, la madre de Sete Benavides se rompe entre lágrimas. Las luminosas pantallas de la instalación acaban de confirmar lo que ya todos han visto en el estadio. Su hijo acaba cuarto y es la segunda vez que le ocurre en unos Juegos Olímpicos. Lo que habría de ser un éxito -solo hay tres mejores en el mundo que Sete- se lo toma su familia como una decepción. Es la fina línea que separa el tercer puesto de la desolación por no subir a un podio. "El día antes todos te dicen: vas a ser oro, eres el mejor, ya verás que todo sale bien. Cuando llega la competición, si eres bronce eres un héroe; si llegas un segundo después, se olvidan de ti. Y a otra cosa".

El testimonio de una madre -orgullosa pero triste- refleja la realidad cotidiana de cualquier experiencia olímpica. 32 millones de españoles sintonizaron alguna de las emisiones de estos Juegos a lo largo de las últimas tres semanas. Y lo hicieron convertidos en contadores de metales, atrapados por la vorágine mediática que cada cuatro años exige podios -da igual la modalidad, el sexo, la categoría o la disciplina- y engorda hasta el infinito las expectativas de muchos anónimos deportistas a los que se ignora y olvida durante el resto de sus vidas.

Veintidós días en Brasil dan para mucho. Para comprobar en primera persona la felicidad del éxito, el mérito de la superación personal y el valor de iconos como Rafa Nadal, Carolina Marín o Pau Gasol. Ejemplares en todo. Cercanos para los aficionados, asequibles para los periodistas, transparentes ante la audiencia. Y también vale la experiencia para probar la amargura del fiasco. El dolor de saber que cuatro años de intensa preparación olímpica, sacrificio, concesiones y esfuerzos se esfuman en apenas un rato. Lo que dura un concurso de halterofilia con tres nulos, una regata sin viento o un triatlón con malas sensaciones.

Ahora bien, el balance para España es excelente. De la impaciencia por la sequía de medallas -una constante en todas las primeras semanas del calendario olímpico- al exultante esprint final con una excelsa cosecha de oros. Claro que merecen más atención (por parte de todos) los Coloma, Saúl o Joel. Pero su sueño olímpico dura lo que tarda la carroza en hacerse calabaza. Mañana todos los focos serán de nuevo para el fútbol -y tal vez también para el baloncesto o el tenis- mientras cientos de deportistas volverán al anonimato para validar su pasaporte para Tokio. Serán, seguro, unos Juegos fascinantes. Como anticipo, los cuatro minutos made in Japan en el acto de clausura que dejaron a Río asombrado. Del obrigado al arigato, el deporte mundial ya apunta a 2020.

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