
Se trata de títulos de deuda emitidos por el Estado. Se diferencian en que las letras son a corto plazo (normalmente hasta un año); los bonos, a medio plazo (normalmente hasta tres años), y las obligaciones, a más largo plazo.
En cualquier caso, los conceptos de interés y rentabilidad, íntimamente ligados, son los que determinan la importancia de los bonos, letras y obligaciones. Estos títulos los emite el Estado para captar financiación entre los inversores, a los que luego les será devuelto este préstamo.
La cuestión es que si se colocan estos títulos a largo plazo, el inversor peduirá un mayor interés, ya que necesitará compensar su acción. Es decir, si en una subasta España consigue adjudicar el importe deseado de deuda, pero a un interés más alto que en la anterior ocasión, cuando venzan los plazos deberá desembolsar una cantidad más alta. Por esta razón es conveniente que en las adjudicaciones de deuda el Estado consiga negociar un interés más bajo a los préstamos.