10 de diciembre de 2016
Análisis

Nuestro mundo es el mundo

09.12.2016 | 23:38
Nuestro mundo es el mundo

Recordemos la imagen de la cumbre de Hannover de este año de los cinco dirigentes del mundo occidental sonriendo satisfechos y lanzando un mensaje de normalidad: el americano Obama, el inglés Cameron, la alemana Merkel, el francés Hollande y el italiano Renzi. Pues bien, al final del 2016, dos de los cinco mandatarios -Cameron y Renzi- ya han sido expulsados del poder en un referéndum que sólo su mala cabeza les obligó a convocar. Otros dos -Obama y Hollande- dejarán muy pronto sus funciones. Les toca, cierto, pero también han sufrido graves derrotas y han sido políticamente guillotinados. Sólo queda Angela Merkel -a la que su partido acaba de elegir candidata para un cuarto mandato-, la única que es mujer y que preside una coalición.

La democracia es alternancia y es lógico que unos gobiernos caigan y otros suban. Pero no lo es que caigan tantos en tan poco tiempo ni que el relevo genere tantas incógnitas. A Cameron le sucede la difícil gestión de la salida de Gran Bretaña de la UE. Obama se acaba al haber consumido sus dos mandatos pero después de que su partido y su antigua secretaria de Estado, Hillary Clinton, haya perdido no frente a un candidato republicano al uso sino ante un extraño populista que, incluso una vez elegido, sigue comunicándose por tuits a veces incendiarios, y que genera serios interrogantes sobre el futuro de la primera potencia del mundo que lideraba las democracias desde hace un siglo, desde la primera guerra mundial.

Hollande seguirá siendo presidente hasta mayo pero ha tenido que renunciar a un segundo mandato porque no solo se ha estrellado ante su programa -confuso pero con tintes de socialismo poco madurado- sino que no ha podido afrontar ni la crisis económica ni la existencial de Francia. La "grandeur" pasó a mejor vida. Y el candidato socialista es difícil que pase a la segunda vuelta de las presidenciales, en las que lo más probable es que se enfrenten Francois Fillon, un conservador-conservador y la populista Marine Le Pen. Y si ganara Le Pen -poco probable hasta hoy, cuando lo imprevisible siempre sucede- sería todo el edificio europeo el que crujiría desde los cimientos. Un Brexit elevado a la quinta potencia.

Renzi ya se ha ido porque su correcta intuición económica -imperativo de racionalizar- se ha estrellado ante los vicios y complejidades de una Italia "cardenalicia" que no ha digerido ni su bonapartismo reformista ni su juvenil prepotencia.

En el fondo de estas derrotas está el tradicional malestar social -"piove, porco governo"- que la crisis económica y el miedo a la inmigración y al terrorismo islámico (común a los cinco países) ha acentuado mucho. También que las grandes visiones de los políticos que querían ganar -el desdén moral de Hollande hacia el "orden capitalista" o, en menor grado, el optimismo antropológico del "Yes, we can" de Obama- han quedado en papel mojado ante la peor crisis del capitalismo desde 1929, que ha agravado los efectos negativos de fenómenos positivos -e irreversibles- como el cambio tecnológico y la globalización.

Todo esto ha ayudado al populismo de derechas (Trump), de izquierdas (Podemos) o indiferente (Beppe Grillo). También los errores políticos de la derecha y la izquierda democráticas que -en la creencia de que sacarían ventaja política- convocaron referéndums para asuntos que dividen mucho a los países. Es el caso del suicida Cameron, que quiso cimentar su liderazgo en el partido conservador prometiendo un referéndum sobre la permanencia en la UE. O de Renzi que con el apoyo de sólo la fracción mayoritaria de su partido quiso enmendar -apelando al pueblo soberano- gran parte de la vieja Constitución italiana de 1948 que fue pactada por las grandes fuerzas políticas de entonces: democristianos, socialistas y comunistas.

Sí, el tópico es cierto: los referéndums los carga el diablo. Y más en tiempos de cólera.

En España el malestar social y la insatisfacción también es enorme. Pese que ha mejorado algo desde que hay gobierno, la situación política o económica es juzgada mala o muy mala por el 74% y el 63% frente al 3,9 y al 4,4 que opinan que es buena. Peor aún, ganan por 30 puntos los que creen que el momento político es peor al de hace un año y -más injustificadamente- por menos puntos (10) los que dicen lo mismo de la situación económica.

Es el cuadro de un país que se ve en estado de catástrofe. Y sin embargo a Rajoy no se le ha cortado la cabeza -aunque ha perdido mucho apoyo- y vuelve a ser presidente. ¿Por qué? Por tres motivos básicos. Uno, porque aquí el populismo es de izquierdas -Podemos- y ha perjudicado mucho al PSOE y poco al PP. Quizás la clave es que -no pasa en Europa- buena parte de la inmigración habla la misma lengua y viene de la misma religión. Y C´s no es populismo sino una tentativa de partido liberal, lo que genera menos adhesiones.

También porque manda mas sobre su partido que Pedro Sánchez (segundo motivo), lo que quizás demuestra que es un político más hábil que los líderes del PSOE: que Pedro Sánchez y sus enemigos (tercer motivo).

Y Rajoy -una vez reelegido y guste o no guste- se está moviendo con cautela, cualidad necesaria -pero no suficiente- para gobernar. Ha entendido que, sin mayoría, no puede mandar con la prepotencia habitual. Ha asumido que la gran coalición que reclamaba no es hoy posible. Ni él es Merkel, ni tiene su curriculum, ni el PSOE es como el SPD alemán.

Reconoce además que para funcionar todo gobierno de un país democrático necesita una mayoría parlamentaria -aunque sea agónica- y que con este Congreso ello exigirá -en este Congreso- algún entendimiento, aunque sea a cara de perro, de los dos grandes partidos y que ello obligará a tragar muchos sapos. Por último ha logrado tejer un primer acuerdo relevante -y rentable para ambos- con el PSOE al pactar el techo de gasto y el objetivo de déficit público para 2017 a cambio de un aumento del salario mínimo del 8%.

Un Rajoy pactista, un Montoro que sabe negociar para que el ministro "amigo y compañero" Luis de Guindos sea respetado en Bruselas y una gestora socialista que ha hecho -con el solvente Javier Fernández y el flexible Antonio Hernando- una primera demostración de inteligencia y cauto realismo? Podía ser peor.

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