EFE | MADRID
El juez de la Audiencia Nacional (AN) Baltasar Garzón defendió ayer ante el Tribunal Supremo (TS), donde ha sido recibido y despedido con aplausos por familiares de desaparecidos en la Guerra Civil y el franquismo, su actuación en este caso y negó haber prevaricado al declararse competente en el mismo.
Los partidarios del magistrado superaban ampliamente en número a sus detractores, pero esto no ha evitado que en algunos momentos unos y otros se encararan y enfrentaran verbalmente aún estando rodeados por un gran despliegue de Fuerzas de Seguridad.
La declaración de Garzón en calidad de imputado por su investigación sobre las desapariciones en la Guerra Civil y el franquismo ante el magistrado instructor del caso, Luciano Varela, provocó un gran despliegue policial y gran expectación por parte de numerosos periodistas, así como curiosos y partidarios de la investigación abierta por el juez de la Audiencia Nacional.
Varios familiares de los desaparecidos aseguraron que la citación como imputado del juez de la AN es un "ataque contra la democracia", ya que "se merece el reconocimiento de todos los ciudadanos", y han reavivado el debate sobre la apertura de fosas.
El representante de Manos Limpias -sindicato sin representación en ningún centro de trabajo, y que interpuso esta querella contra Garzón-, el ex dirigente de Fuerza Nueva Miguel Bernad, explicó que el juez se negó a contestar a las preguntas del letrado de dicha asociación y que solo lo hizo a las del instructor, el fiscal y su defensa.
Una veintena de asociaciones de Memoria Histórica han hecho público ayer un comunicado en el que muestran su apoyo a Garzón y critican al Supremo por "socavar" la independencia judicial al admitir a trámite una querella por prevaricación contra éste.