A vueltas con la herrumbre y otras lindezas

23.07.2010 | 03:47

Tiempo atrás dejé patente mi descontento, a través de estas páginas, por lo que di en llamar "el culto a la herrumbre": miradores, barandillas, esculturas, vallas...que, al mojarse, destilan óxido u orín, manchando y afeando el entorno, ya sea rural o urbano. Pues bien, hoy vuelvo a la carga sobre el mismo asunto porque, el evidente deterioro, sobre todo de las denominadas "mesas de información" en los distintos miradores, clama al cielo, no sólo por el riesgo de mancharnos la ropa a poco que nos arrimemos a ellas, sino por el lamentable estado en que se encuentran: más que mesas de información parecen de desinformación.

En algunas de ellas, la incidencia del sol ha borrado totalmente los mapas y los datos; en otras, los cristales que los vándalos rompieron sin recato, dejan filtrar el agua, con lo cual, las láminas terminan manchadas e ilegibles. Incluso las hay en las que se han desplazado unas sobre otras, solapando así parte de la información. ¿Es que no hay un mínimo mantenimiento para estos paneles? ¿De qué sirven si apenas los podemos leer?

Al hilo de lo expuesto, cabe reseñar también que, para mi asombro, existe una de dichas mesas en el Mirador de la Garañona (municipio de El Sauzal) en la que se lee perfectamente la información, pero...¡qué información! Detalla la ubicación de escombros, aguas residuales, ratas...

A pesar del insoportable hedor de las aguas fecales, no me lo podía creer. ¿Qué necesidad había de detallar todas esas lindezas? Me imagino a los turistas leyéndolas y echando a correr a toda prisa. ¿No sería más lógico solucionar el problema en aras de la salubridad del entorno, y detallar los diferentes tipos de vegetación del acantilado, en lugar de esas vergüenzas paisajísticas?

Es por ello que invito desde aquí a nuestro presidente, don Paulino Rivero Baute, vecino de dicho municipio, a que se acerque a la parte izquierda del mirador (donde los feísmos muros de hormigón) e intente respirar a pleno pulmón, a ver si me da o me quita la razón sobre lo que, públicamente, denuncio. Lo digo por ver si así se decide a apretar las clavijas que permitan acabar, de una vez y para siempre, con esa nauseabunda pestilencia.

Los visitantes del mirador, seguro que lo van a agradecer, pero, más que nadie, lo harán los vecinos de las viviendas situadas sobre él.

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