ISABEL SHANTANI RODRÍGUEZ PÉREZ
Con tan sólo oír la palabra carnaval se agolpan en la mente imágenes coloridas al ritmo de estrepitosa música. La metamorfosis que ha sufrido el carnaval a lo largo de los años da mucho que pensar. Ha pasado de ser una alegre fiesta popular a un show con fin comercial y a una macro fiesta destinada al placer desenfrenado.
En los tiempos de las bisabuelas, el carnaval era una fiesta de disfraces en la plaza del pueblo donde la gente bailaba con la música de sus bandas y rondallas. Carnaval debe su nombre a que en esos dos días aún se podía divertirse y comer carne; al día siguiente comenzaba la Cuaresma con sus ayunos y abstinencias. Parece que Franco suprimió los disfraces porque temía que bajo las máscaras se ocultaran enemigos "rojos" que buscaban venganza.
Hoy en día la referencia al significado religioso está eclipsada. Los carnavales se justifican por sí mismos. Es una celebración laica en la que tanto jóvenes como adultos se liberan de las represiones de la vida rutinaria y dan suelta su instinto más fiestero y carnal.
Cuanto más color, brillo, sonido, lujo y alegría mejor. La gente, aún en crisis, desde navidad empieza a pensar en qué vistoso traje llamará más la atención, recorriendo tiendas como obsesionados, como si les fueran a premiar por el mejor disfraz. Todo con el pretexto de que carnavales sólo es una vez al año.
El culmen del carnaval es la vistosa gala de elección de la reina en la que tras meses de preparación y confección de fantásticos trajes, las bellas jóvenes se exhiben a la admiración y crítica del público. Y yo me pregunto, ¿de dónde sale tanto dinero para tanto lujo? ¿De los ayuntamiento incapaces de terminar obras de primera necesidad? ¿Del Cabildo que proclama estar en crisis? Todo vale para atraer turismo y ofrecer el mejor carnaval del mundo.
El carnaval empieza con numerosos pasacalles, cabalgatas y llego "el coso" y el entierro de la sardina. Todo ello provoca la admiración y el deleite de aquellos que lo contemplan. Al fin y al cabo ¿a quién no le gusta el magnifico show del carnaval? Pues para muchos aun hay más. El carnaval inunda tanto el día como la noche, donde los jóvenes pierden la noción del tiempo, pierden todo prejuicio hasta tal punto de sentirse otra persona sin conciencia y moral ya que todo vale escondidos bajo una máscara.
En esta parte del carnaval no todo es show, pero obviamente esta imagen no seria buena publicidad: violencia callejera bajo los efectos del alcohol, alucinaciones aun más coloridas que el propio carnaval, repartición necesaria de preservativos para prevenir embarazos no deseado y enfermedades contagiosas... No necesariamente todos los jóvenes actuarán así. Con un poco de cabeza es posible pasárselo bien dentro de unos límites en ese mundo loco y descontrolado.
Lo cierto es que aunque algunos consideremos que el derroche supremo para vender una imagen del "mejor carnaval del mundo" es excesivo, lo estamos convirtiendo en una "tradición moderna" y por suerte y por desgracia "the show must go on" como dijo Queen en su canción.