CARLOS DÓNIZ
Me dirijo a ustedes para agradecerles la publicación del correo electrónico que Diana Bauzá, una cooperante española que se encontraba en Haití en el momento del seísmo, envió a su madre durante los días posteriores a la terrible catástrofe, y en los que narra con tono confuso y contenida tristeza la realidad que los medios de comunicación, a mi modo de ver, no llegan a conseguir transmitir, simplemente porque, por más esfuerzo que se ponga en ello, no deja de ser información, quiero creer que objetiva y real, pero información.
Diana escribe con palabras directas y sencillas, sin adornos ni puesta en escena. Personalmente creo que es uno de los relatos más estremecedores que he leído o escuchado, básicamente porque refleja todo eso que uno de nosotros no es capaz de imaginar desde la distancia. Cuanto aparece en televisión parece sacado de ese Hollywood catastrofista que en los últimos años se ha empeñado en convencernos de que este planeta nuestro se va a pique, y es precisamente esa saturación de muerte y desolación la que ha terminado por hacernos observar la tragedia de Haití, y tantas otras tragedias diarias, como si se tratase de una película.
La banda sonora, los créditos al final, y la promoción publicitaria no son necesarios, todos estamos ansiosos de muerte, sangre y destrucción; de qué otra manera se explica el éxito abrumador de este tipo de cintas. Sin embargo, Haití es real, Irak es real, los miles de niños que a diario perecen de hambre son reales, y no hacen más que constatar un hecho que, sin duda alguna, le da la razón a todos esos cineastas visionarios: el planeta se va a pique. Las palabras de Diana me sacaron de golpe de esta especie de duermevela en la que observo mi mundo, mi gente cercana, esos prójimos próximos, como decía Benedetti, esa vida paralela de esta sociedad nuestra que ha consumido su humanidad a golpe se indiferencia.
Les doy las gracias a Diana y a todos esos anónimos que siguen la hoja de ruta de la compasión y la solidaridad real, efectiva y afectuosa. Y les pido perdón a ellos y a los miles de muertos, heridos, damnificados y olvidados que deambulan por el mundo configurando el guión de una película que, a mi pesar, parece que no tendrá un final feliz, porque la tragedia de Haití va mucho más allá de un terremoto.