AGUSTÍN MIRANDA ARMAS
¿Qué hacía hoy (jueves), a las 6 de la mañana, un empleado de Urbaser en la Rambla de Pulido leyendo cuidadosamente los postes de luminarias? ¿Por qué de algunos postes arrancaba carteles y de otros, tras ser examinados, no obtenía botín alguno? Sé lo que hacía porque era un hombre bueno que en cuanto me lo dijo sintió vergüenza y la necesidad de excusarse: "Tengo que hacer lo que me mandan". Una vergüenza que no sintió el responsable político que le obligaba, con nocturnidad y alevosía, como muchos otros delitos, a retirar sólo los carteles que hablaban de corrupción o del PGO. No se conforman estos políticos con tener bajo su control varios periódicos, varias televisiones locales y una autonómica en una violación flagrante de las reglas de juego democrático, no les basta inventarse normas o retirar ayudas para impedir la difusión de medios no afines. Además, ahora, quieren controlar los postes de la luz que se han convertido en la manera en que el silenciado grita su desesperación por abrir los ojos al que no sabe lo que ocurre. Debe saber ese empleado, ese hombre bueno que sintió vergüenza, que sólo debe hacer aquello por lo que se le paga: limpiar la basura. Y que quizás debería empezar por quien usa el dinero público para su provecho personal.