RAÚL DOMÍNGUEZ PÉREZ
A estas alturas creo que ya estamos todos un poco hartos de los numerosos análisis de la coyuntura económica mundial, la famosa crisis global.
Algunos incluso se han atrevido a decir que ya la veían venir, a pesar de que resulta evidente que a nadie le ha pillado preparado. Lo que realmente importa ahora, es que salgamos de esta y solo hay una manera, la solución particular, particular por aquello de lo singular, especial y extraordinario pero también por aquello de lo propio y lo privado, porque esta crisis tenemos que hacerla nuestra, ya que entre todos hemos llegado hasta aquí y solo así podremos salir...juntos y al mismo tiempo, pero esta vez, en la dirección correcta.
La crisis, es global porque es la suma de todas las crisis individuales, incluida la nuestra. Nos empeñamos en hablar en términos impersonales como "entidades financieras", cuando estas no son más que un grupo de personas dirigidas por otras tantas, todas con sus correspondientes crisis de valores que juntas suman un gran valor en crisis.
Ha llegado el tiempo del ser humano autentico, sin artificios, liberado de prejuicios, comprometido con su verdadera razón de ser...y somos lo que los demás perciben, como los demás nos ven, somos los sentimientos que despertamos, apenas eso y todo eso a la vez.
Desde el individualismo solo hemos conseguido que el mundo se pare, porque cada esfuerzo que hemos dedicado a nuestro propio beneficio ha sido contrarestado en algún otro lugar por un esfuerzo igual y de sentido contrario. Si pensamos en aquello de lo que nos sentimos verdaderamente satisfechos, nos daremos cuenta que fue el resultado de un esfuerzo común, participando de un mismo objetivo.
Estaremos de acuerdo entonces que parece este el camino. Que todos tenemos la responsabilidad de actuar, a nuestro alrededor, en nuestro entorno, en el día a día, existen infinidad de cosas que mejorar, porque aunque nos hayamos encargado de ignorarlo, es el esmero en lo cotidiano lo que nos acerca a lo extraordinario.
Y es que solo a través del prójimo seremos capaces de mejorar nosotros mismos, porque la única forma de encontrar la felicidad es a través de los demás, nadie es alguien, ni siente nada por si mismo, ni tan siquiera existe.
La nueva revolución que viene, ha de ser una revolución de valores. Tenemos que recuperar nuestra capacidad de compartir en vez de acumular, de admirar en vez de envidiar, en definitiva... de amar en vez de odiar.
No debemos olvidar nunca que cada uno de nosotros es un ser humano particular, particular en lo propio y lo privado pero también en lo singular y extraordinario.