FAMILIA VERA-GUTIÉRREZ
Quisiera, a través de su diario, hacer llegar el agradecimiento de mi esposa y mío a la doctora y enfermera que se encontraban de guardia la noche del pasado día 30 de diciembre de 2009 en el servicio de urgencias del centro médico de Puerto de la Cruz. Nos hallábamos de viaje para celebrar la nochevieja en su hermosa isla, cuando nuestro hijo de tres años tuvo un episodio de laringitis muy fuerte que nos asustó bastante, ya que no cesaba de toser y parecía faltarle el aire. Lejos de casa, de madrugada y angustiados, llegamos al centro médico de Puerto de la Cruz y pedimos por el médico de guardia. Sin siquiera esperar a llegar el formulario en la recepción, la enfermera oyó la insistente tos del niño y nos hizo pasar dentro. Lo que sucedió a continuación sólo se puede describir desde el corazón: tanto la enfermera como la doctora intentaron y consiguieron desde el primer momento tranquilizarnos, además de aliviar los síntomas y prescribir el tratamiento médico consiguiente. No fue nada espectacular, ni nada que requirió su pericia como médicos o personal de enfermería. Realizaron su trabajo, sí, pero hicieron algo que no está en su nómina: supieron ponerse en nuestro lugar para eliminar la angustia, se mantuvieron junto a nosotros en todo momento y distrajeron al niño con atenciones. Al marcharnos les agradecimos su labor, pero hemos considerado que nuestro agradecimiento debe hacerse público a través de su diario, y también me gustaría que lo conocieran sus responsables del centro.
De todo corazón, ya desde Mallorca y con el niño completamente recuperado, quisiéramos decirles a esas dos mujeres que se encontraban de guardia en la noche del pasado 30 de diciembre de 2009 en el centro médico de Puerto de la Cruz sólo una cosa: Gracias de corazón. Atentamente.