Sábado 1 de Noviembre, 2 de la madrugada, noche en vela, residencial Anaga, calles Galdar, Carlos J.R. Hamilton, Profesor Peraza de Ayala, José Zárate y Penichet, etc. Efectos colaterales de una discoteca, pero vía pública, por lo tanto competencia municipal. Aquí no hay quien duerma. Ruido absurdo, inútil, que impide el derecho constitucional al descanso, da igual que los que quieran dormir sean niños, enfermos, adultos o animales domésticos. Ruido que nos produce sobre todo rabia, indignación, impotencia, desasosiego y tristeza. Por ser la demostración sonora de nuestro embrutecimiento acelerado, de nuestra cobarde permisividad y tolerancia, de nuestra absoluta falta de valores, de nuestra nula capacidad de análisis, de nuestro aborregado conformismo...
Todo esto por constatar cada fin de semana la fuerza que tienen las hordas de energúmenos gritando y generando basura y la debilidad de las instituciones y de la sociedad en general ante conductas infrahumanas.
El derecho a un ocio degradante por encima de cualquier otro. Vamos bien.