Si les digo la verdad les miento. O dicho de otro modo: hay cosas en que la realidad supera con mucho la imaginación, por lo menos la mía. ¡Realista que soy!
Si hace años, muchos, cuando todavía uno era joven y creía que con la democracia esto se iba a convertir en un ámbito de cultura, de solidaridad y de libertad para todos, me hubieran dicho las cosas que tendría que ver, habría mentido: "Eso es imposible, ¡bahh!, etc." Algún amigo ya me advirtió: "Cosas veredes…". Y otro añadió: "Usted ve volar pajaritos preñados". Pues por cierto que los pajaritos iban preñados de mierda, y sus excrementos nos están cayendo encima.
Hay que ver lo bonitas que resultan la democracia, la cultura, la solidaridad y la libertad cuando es uno el demócrata, el culto, el solidario y el libre, y a los otros, puesto que no son demócratas, ni cultos, ni solidarios, ni libres, se les da morcilla, se les niega el derecho de expresión, se les tilda de ignorantes, se les niega el pan y la sal (como dicen que anotó Franco en el expediente del general Vicente Rojo) y se les oprime, si es necesario hasta la muerte. Sí, la democracia es maravillosa cuando es uno el demócrata y los otros, fascistas naturalmente, no lo son: por malos, por ruines, por carcas y retrógados que nos están echando abajo el bonito kiosko de la democracia que nos hemos montado para hacer nuestros negocietes, merecen que se les machaque, se les oprima y abuchee si es que se les ocurre pedir solidaridad, actuar libremente o exigir que se respeten los derechos constitucionales.
Y esto no pasa en China, ni en Rusia ni en el Japón, donde no hay chicas como en España que sepan bailar el bayón; pasa aquí al lado, en la calle Anchieta, por decir algo, una calle como otra cualquiera en la bella ciudad de los Adelantados.
¡Hay que ver, hay que ver...!
O, como dice otro amigo, "Bendito sea Dios, Florillo". (Esto lo explicaré otro día. Es una anécdota muy bonita y edificante).