LUIS ENRIQUE VEIGA RODRÍGUEZ
En la vida de las personas hay algo que se nos escapa a la percepción física y constantemente se opone a lo que nosotros queremos hacer. Es como una especie de contradicción que parece gobernarlo todo desbaratando así aquello que nosotros intentamos poner en marcha. Pero al mismo tiempo esa contradicción que sin duda existe tiene su origen en un plano superior a la realidad de lo físico. Algunos lo definen como el plano de la bio energía, el plano de la vida en el que está el origen de todas las cosas, el plano espiritual, el plano astral... son aspectos que se acercan quizá a lo que yo intento decir. Es el lugar de donde desciende la vida. Todo lo que existe tiene su origen en dicho plano que se rige por los pares de opuestos actuando como dinámica del equilibrio en el que se basa la existencia de las cosas. Sin embargo y aún siendo conscientes de que esta dualidad existe, no por ello se nos hace más fácil manejarla. Se trata de un mundo de fuerzas que pugnan constantemente por imponer su primacía. Cada una de ellas lo hace en su polaridad y así parece efectivamente. Son las llamadas fuerzas positivas y negativas, las fuerzas del bien y del mal, la energía densa y la fluida. En definitiva, unas fuerzas capaces de arrastrar a las personas a las acciones más nobles o a las aberraciones mas groseras. Por lo tanto las personas somos un instrumento al servicio de una realidad que no controlamos. Que tal vez tampoco vemos aunque sea visible para determinadas personas y a lo sumo ocasionalmente percibimos.
Pero al mismo tiempo esa realidad representa nuestra propia esencia, nuestro verdadero ser. Eso quiere decir que en contra de lo que se crea el ser humano es fundamentalmente energía. Es decir, un alma que tiene como soporte físico un cuerpo. De él se sirve temporalmente para una especie de representación. Esta representación es el teatro de la vida.
El cuerpo del que ha de desprenderse para volver a su origen, al plano de la bioenergía, entendiendo como tal nuestra vida astral desde la que ha descendido a lo físico. Es al mismo tiempo el plano de esa realidad superior que algunos llaman el profundo y que engloba la totalidad, la fuerza creadora con la que identificamos lo masculino y lo femenino.
Estos conceptos se extienden a realidades como el día, la noche, el hombre, la mujer y otros opuestos que no por ello dejan de ser relativos cuando nos trasladamos a un nivel físico. Esta contradicción nos dice que nada ni nadie es esencialmente uno, todos somos potencialmente ambas fuerzas. En el día está el germen de la noche, en lo masculino el germen de lo femenino en proporción variable. Son las energías las que se hacen visibles a través de los elementos de la naturaleza a los que dan vida.
Con el movimiento espirálico del cosmos se constituyen en si las energías densa y fluida que lo serán dependiendo del fenómeno de expansión o contracción que sufre la dinámica ondulatoria. Todo es esencialmente energía; por lo que se puede decir que la materia es energía, aunque sin liberar.