TERESA ANTEQUERA
La campaña televisiva que denuncia el uso abusivo de las bolsas de plástico está concienciando profundamente a la sociedad española. Sin embargo las bolsas no son el único problema producido por el plástico. El autor Alan Weisman en su libro El mundo sin nosotros premoniza lo que podría ocurrir en la Tierra si desaparecieran los seres humanos, también la herencia que dejaríamos en el planeta, sobre todo los productos sintéticos, entre ellos el plástico, que son productos de difícil descomposición y de durabilidad extrema.
El plástico finamente molido hace las veces de imán para todo tipo de tóxicos, lo que es un verdadero peligro para la salud. Se sabe que la arena de las playas no está compuesta hoy día únicamente de minerales y piedras desmenuzadas, sino que entre un 5 y 10% está ya constituida por partículas de plástico. El peligro está en que estas partículas se vuelven cada vez más pequeñas e invisibles hasta que casi se disuelven con el correspondiente peligro de que pasen a la cadena alimenticia y por lo tanto al circuito de nuestra alimentación. ¿Pero está nuestro cuerpo diseñado para asimilar plástico sin consecuencias?
¿Qué no haríamos para vivir sanos hasta el final de nuestra existencia terrenal? Pero, cómo queremos vivir sanos si ensuciamos nuestro entorno de una forma tan cruel. La basura que nos rodea es sólo el reflejo de la suciedad de nuestra alma, de nuestros pensamientos malolientes, de nuestro mundo de sentimientos plastificado, impermeable al sufrimiento de la madre Tierra. Sólo nuestra aportación activa por una vida consciente, tanto externa como internamente, contribuye a un cambio.