JUAN JOSÉ VENTURA
Los acontecimientos de la vida de hoy son sin duda, curiosos y hasta cierto punto singulares. El haber nacido en el seno de una familia humilde, no me quedó más remedio que trasladarme de la isla de La Palma a Tenerife, por razones de trabajo y de las penurias económicas de la época. Desgraciadamente, cuando fui joven nunca valoré el peso y la trascendencia colosal que mis ascendientes tuvieron en mi formación. Y cuestión esta que suele ser un mal heredado por casi todas las generaciones. Sólo su tesón, paciencia y dedicación lograron que yo y poco a poco, me fuera dando cuenta de algo que nunca en la vida le podré agradecer porque por desgracia fallecieron demasiado pronto y sin la oportunidad de mantener una conversación al respecto o de este asunto, Durante el camino he tenido la suerte de encontrarme con profesionales de la educación y "como la copa de un pino" que me han aportado su buen hacer al tiempo que me he ido enriqueciendo con sus experiencias. Muchas han sido las batallas que tuve que lidiar porque este trabajo requiere que los tres frentes estén bien encontrados para llegar a un buen puerto. Si ahora me preguntara algún estudiante si esto es fácil o difícil, francamente no sabría que responderle. No puedo hacerlo porque yo desconozco la fórmula mágica o si es que realmente la misma existe.
Durante mi andadura por la vida, he descubierto que en todos estos años siempre he tenido escondida en la manga una carta tremendamente importante, crucial para ganar la partida a las dificultades con las que me he encontrado. Mi fuente de inspiración radica en sus ganas de afrontar nuevos retos. Hoy se cuenta con un grupo de profesionales y con ganas de hacer cosas nuevas. La lástima es que haya gente que no se acerque para conocer la realidad cotidiana.
No tenía muy claro el tema de la profesión adorada, pero por aquello de que a veces la vida nos lleva por caminos que casi no podemos entender. Lo cierto es que entré en el mundo de la enseñanza casi por idea de mi progenitor. Los fines sólo los ponemos los seres humanos, pero el comienzo del buen hacer es cosa del colectivo dedicado a ello. En mi planificación de trabajo los fines los ponían ellos, o sea, los pequeños porque eran mis herramientas y si ahora me preguntara alguien si esto es fácil, francamente no sabría responderle. Pero bueno, valerme de lo que Alexander Pope dijo y fue que: "Bendito el que no espera nada, porque nunca será defraudado".