ANA SÁEZ RAMÍREZ
Todos los profetas del Antiguo Testamento y las muchas personas iluminadas de los últimos 2000 años, han sido víctimas de burlas y escarnios e incluso muchos de ellos llevados a la muerte, a pesar de que traían la ayuda y la conducción. Sin ir más lejos Jesús, el mayor profeta de todos los tiempos, fue crucificado. Hoy no es diferente, desde hace 33 años una vez más se ridiculiza al Espíritu profético.
Pero los poderosos y la casta sacerdotal están en un mismo barco. Si hubiesen escuchado las palabras de advertencia de Dios dadas a través de ella, la situación de la Tierra sería hoy muy diferente: El cambio climático no habría adquirido estas dimensiones catastróficas, se hubiese paliado el hambre en el mundo. La diferencia entre ricos y pobres no seria tan abismal, se distribuirían con justicia los bienes de la Tierra y se hubiese anulado el enorme gasto armamentístico. Si hubiesen enseñado a la humanidad los Mandamientos de Dios, si ellos mismos lo hubiesen practicado y cumplido, nos habrían precedido con su ejemplo. Y si hubiesen tenido en cuenta las reglas para la vida del Sermón de la Montaña, se habrían convertido en un ejemplo para el pueblo, trayendo una convivencia pacífica y reconciliadora.