ALFREDO ACOSTA (SANTA CRUZ DE TENERIFE)
¡El tono es la clave! En el diálogo entre empresarios es: me haces un favor, te debo uno. Te devuelvo el favor, me debes otro.
Se relacionan, se consultan y se cubren... traman, maquinan y actúan.
Como trabajador, a estos 55 años, hay temas de los que me cuesta hablar porque no tengo perspectiva.
No sé en qué momento la perdí, pero es así...
Todo obrero tiene un ser indómito que la precariedad acorrala y vence.
A veces el miedo que se siente –porque es miedo– no es por uno mismo sino por aquellos que dependen de uno y, por lo cuales el sacrificio vale la pena.
El diálogo entre los currantes es: cómo lo llevas, igual que tú.
Se relacionan poco, ni se consultan menos aún cubrirse, no sea que te metas en más líos. Se miran a los ojos y saben realmente cómo les va...
De todas las maneras algo se estremece, no sé bien si los intestinos o el alma.
¡No!
¡No estoy domado!
Simplemente aletargado hasta otros instante… donde pueda gritar con rabia.