MARÍA FARIÑA
Comprendo perfectamente por qué los egipcios convirtieron en divinidad a los gatos. Elegantes y con un carácter retraído e impenetrable. Ellos no atienden a ninguna norma. Amable y cariñoso o esquivo y brusco, pero todo al mismo tiempo. Indomable porque hace lo que le apetece y cuando le apetece. Higiénicamente pulcro.
Quisiera hacer con este escrito una oda a los gatos y a las personas gatunas, y que conste que me gustan muchos los perros...
Mi gato es mi terapeuta, me irradia paz sin límites. No se pone pesado, me es fácil cuidarle y no se cansa de mirarme fijamente… así, de esa manera inmutable...
Sé que le pertenezco, mi casa es su casa y yo sólo pago la hipoteca.
Hay gatos extrovertidos, tímidos, caprichosos… el mío es tranquilo, le gusta el sosiego.
Es equilibrado y sé que si le decepciono será muy difícil recuperar su confianza, por lo tanto me mantengo a la espera de que él actúe. ¡Respeto tu temperamento!
Sé que me quiere y él sabe que lo adoro… ¡Faltaría más!