JOSÉ M. MARRERO
Siempre he pensado que las narices con el reflejo de la personalidad, pero ahora existe –para los pudientes– el efecto retoque de los cirujanos. Pierden personalidad y belleza natural. Las reinas del pómulo son –al menos, para mí– la Madonna (internacional) y la Obregón (nacional), dos rubias de bote que se empeñan en aparentar jóvenes y sexys cuando la realidad es que el tiempo no pasa en valde. Estas reinonas del horror, sin maquillar ni peinar tienen que ser todo un espectáculo. La piel no engaña, es cuestión de células y el tiempo no rejuvenece. Lo que sí rejuvenece es llevar una vida plena, aceptando cada edad con la dignidad de saber envejecer.
Si no se operan de arriba a abajo es penoso ver un pecho siliconado y las arrugas del cuello, las manchas en las manos y eso signos de vejez que son palpables tras el velo de la cirugía hecho en algunas partes.
Cada día que pasa admiro más a mi madre que sólo usa jabón... que es dichosa al cumplir años porque sigue viva y tiene salud para estar con nosotros.