MARÍA FARIÑA
Estudie mi profesión en la FP de Güímar, en una época que se pensaba que solo los "malos" estudiantes y "gamberos" optaban por ir al centro. En menos de un año esa idea llena de perjuicio paso a la historia y muchos alumnos del Instituto que terminaban ¿o no? se matricularon en la FP. El primer año que hubo prácticas profesionales en empresas tuve la suerte de ser una de la alumnas y tras pasarme los tres meses de verano trabajando a destajo y sin cobrar un duro, pues resulta que esa empresa se convirtió en mi primer trabajo que duro unos 9 años.
Recuerdo de mis cinco años en la FP que el profesorado era estupendo: Pilar, Nicolás, Fariña, Fleitas, Cándido, Paco, Carmen, Yaya, Práxedes, y un largo etcétera... Profesores que te enseñaban y te exigían porque lo que pretendían era que fueras "el mejor profesional", que desde que terminarás tu estudios encontraras un puesto de trabajo y que fueras capaz de afrontarlo sin ninguna duda, ni complejos, con un título bajo el brazo.
No solo me enseñaron una profesión también a valorarme y a centrarme, a creer en mis posibilidades y a tener las ideas claras sobre lo que es trabajar... ¡Lo consiguieron! No solo conmigo, también con mis tres hermanos.
Hay muchas familias que por razones económicas no pueden afrontar unos estudios universitarios o que necesitan cuanto antes que sus hijos se introduzcan en el mundo laboral. Hay estudiantes que optan por una profesión en vez de seguir con otro tipo de estudios superiores.
Sí a la FP, sí. La duda me ofende como a muchos exalumnos. Sí, es necesaria y habría que cuidarla, estamos hablando de nuestro futuro, ahora mismo el de nuestros hijos.