P. RODRÍGUEZ
Estimado señor José María González, me ha sorprendido su respuesta personalizada a través del periódico. Pero sin duda lo que más me ha sorprendido ha sido su contenido, y en especial comprobar cómo se dirige usted a esos animales que tanto ama con cifras económicas. Usted valora a los leones blancos en miles de euros y el elefante... el valor de un elefante como usted dice es incalculable. Pues yo señor González, como amante real de los animales que soy, le insisto en que debe empezar por valorar la libertad y los derechos de sus animales y no tanto su valor económico.
Me ha sorprendido también que intente convencerme de que esos animalitos a los que usted tanto ama actúan de voluntad propia, y aprenden a tocar la trompeta y de más ridiculeces con total naturalidad, sin ningún castigo de por medio. Le informo que he conocido a domadores de circo y de conocidos parques temáticos que han tenido que dejar sus trabajos por la crueldad que les obligan a ejercer sobre los animales para obligarles a hacer determinadas cosas.
Habla usted de los amplios solares de los que disponen los animales durante el día para "que puedan estar en libertad"... ¿Qué puedan estar en libertad? ¿Qué es para usted la libertad? ¿Un solar de cemento vallado? Le ruego que cuando piense que realmente les está dando la vida que se merecen, los mire fijamente a los ojos y compruebe la tristeza que esconden sus miradas, porque aunque a usted le cueste creerlo, los animales, valgan el dinero que valgan, también tienen sentimientos.
Por último le agradezco la invitación que me hace para acudir a las jornadas de puertas abiertas de su Circo, pero comprenda mi negativa por un motivo moral y ético. Acudiré a su circo cuando exista una ley que por fin haya prohibido radicalmente el espectáculo con animales. Acudiré a su circo cuando sólo actúen personas, artistas que se dedican a esto de forma voluntaria, sin que nadie los amenace continuamente con una vara.