RAFAEL MONROY LOZA - SANTA CRUZ DE TENERIFE
Cuando se habla de crisis económica, se debe tener la certeza de que ésta no se produce así porque sí. Creo que la misma debe tener un origen que puede partir, sin lugar a dudas, a una mala gestión por parte de los Gobiernos de todo el mundo, y de su complejo mecanismo para aplicar los impuestos excesivos sobre los contribuyentes. Y ahí es donde están las empresas como "templos" para acoger el necesario y justo empleo de los ciudadanos de a pié para que tanto el empresario como el obrero puedan percibir sus honrados beneficios. Los Bancos, empresas al servicio de todos los que necesitamos de los movimientos contables a favor o en contra de nuestras necesidades económicas, también se exceden en sus intereses, y por lo tanto también se adhieren por esa causa a la tan cacareada crisis. Las empresas de Servicio Público, igualmente, muy a menudo, contribuyen así mismo para sus grandes beneficios en continuos incrementos de su facturación.
Entiendo que todo este conglomerado de situaciones, que tiene que ver con el desarrollo de la economía encadenada al servicio del necesario consumo, necesitaría de un expreso tratamiento para que cada ciudadano pueda gozar de una renta per cápita decente y necesaria para vivir con un pleno empleo tanto para la juventud como para la familia en general. También se podría incluir en la llamada crisis del momento, los presupuestos superfluos que los medios de comunicación, como es el caso de los que los canales de TV destinan en presentar los absurdos coloquios entre los "personajillos" de turno fijamente en sus programas semanales, y que están presentes en los mismos para embolsarse un dinero que mas bien debiera ser destinado, por ejemplo, a la investigación de toda naturaleza. Pues la intervención de estos "intelectuales" de turno con sus descalificables actuaciones, a pesar de su contactada profesionalidad, no creo que sea del agrado en un noventa por cientos de los telespectadores.
A parte de que todo este vano aprovechamiento a favor de la cultura general, constituye de por sí un despilfarro en contra de nuestra anímica economía. Podría seguir refiriéndome a otros asuntos que podrían tener relación con el trazado crítico de la situación económica de los países precisamente subdesarrollados, pero esa tarea se la voy a dejar para que los Ministros de Economía de todo el mundo lo resuelvan si pueden o quieren.