Ley de Costas, ¡qué gran negocio!

02.06.2008 | 00:00

Hace ya un tiempo que se aprobó una reforma en la Ley de Costas, la cual le ha dado unos cuantos metros más de nuestro litoral canario a la corporación que supuestamente protege y cuida nuestras costas. Pero esto, que en un principio parece tan bueno y de tanto corazón se ha convertido en parte de la gran especulación que existe y existirá en Canarias. Digo existirá porque hasta que este pueblo no se levante un día y diga: ¡Hasta aquí hemos llegado!, no se va a conseguir terminar con ella. Ya sé que hay mucha gente luchando por la causa, como es el pueblo de Cho-Vito en Tenerife, la gente que ama el Confital en Gran Canaria, o Puerto Lajas y Los Molinos en Fuerteventura, entre otros muchos más. Todo este revuelo que se cuece por nuestras islas y de los que pocos se enteran, ya que los medios de comunicación se encargan de ello, son las llamadas expropiaciones, a las que muchos designamos "las expropiaciones de Costas".
Mi causa y mi dolor en todo esto es la gente, las personas canarias, mi pueblo. Porque señores, en qué cabeza cabe que una Ley deje sin nada a nuestra gente. En qué cabeza cabe que lleves viviendo en tu casa desde hace veinte o treinta años y venga un señor a decirte que te tienes que ir porque van a tirarla para construir una avenida con unos hoteles y apartamentos para que así, vengan turistas a pasear y pisar la tierra en la que tú creciste, en la que viviste y en la que luchaste para poder vivir en los años malos, y en la que disfrutaste cuando fueron buenos. En qué cabeza cabe, señores, porque sí, de eso tratan las expropiaciones.
Esto me lleva a hablar de las acampadas, tradición sin igual en nuestra tierra. El que conoce Canarias lo sabe muy bien. Y en este caso, me van a permitir que centre mi atención en mi isla, en Fuerteventura. Para nuestros políticos es la "Isla Tranquila", con la que cambian oro por nuestra arena, nuestra brisa, nuestro sol y nuestra hospitalidad. Pero la paciencia de los majoreros también se colma. Es bien conocido que Fuerteventura tiene unas playas preciosas, las cuales nuestros políticos, Costas y todos los demás explotadores de turno pueden vender al precio que quieran. Los majoreros, no pintamos nada, más bien, molestamos y perjudicamos la visión de las mismas. Pero señores, nosotros no acampamos en esas playas idílicas que sacan en sus propagandas el Cabildo de Fuerteventura o el Gobierno de Canarias. Nosotros acampamos en otras, que para mi gusto, son más idílicas todavía y para más inri no existen hoteles cercanos. Prácticamente desde que nacemos, estamos en la playa, en las vacaciones vamos para la playa, un domingo soleado vamos a la playa, si nos apetece hace surf vamos a la playa, y así podría seguir enumerando y no pararía. El caso, es que según Costas ahora no podemos acampar. Señores, nuestras vacaciones son esas. Unos pueden decir, no tenemos un sueldo suficiente para irnos de viaje como hacen otros. Yo digo que probablemente tengan razón. Pero además lo que no me llego a explicar es cómo tienen la desfachatez de no poner un camping, ya que no existe. Sabemos que hay uno en Pozo Negro, pero su capacidad me da hasta risa. Bueno y hace unos años se propuso hacer uno a casi un kilómetro de la playa y en el malpei...Lo único que hacían los Ayuntamientos de Pájara y La Oliva era darnos un permiso , nosotros pagábamos 60 euros y si estaba todo limpio cuando te fueras, te los devolvía. Una medida que nos parecía muy adecuada. Pero como cambió la Ley, a los Ayuntamientos no les corresponde hacer esta tarea, le correspondería a Costas. Y le pregunto a Costas, ¿no se puede acampar pero sí tirar lo que quedaban de casas antiguas, que eran recuerdos de nuestro pasado y que se encontraban deshabitadas en nuestro litoral? Porque eso es lo único que he visto que se ha hecho. Señores, los campistas no molestan, los campistas sólo quieren disfrutar de su costa, de su playa, de su tiempo libre y sin hacerle mal a nadie. Pero claro, ahora Costas quiere hasta cerrar la carretera de tierra que une El Cotillo con Majanicho (en la costa norte) para que los campistas no puedan entrar. No se pide una acampada constante durante todo el año, sólo se pide el tiempo de Semana Santa y verano, y poder acceder al sitio cuando se desee, pues los majoreros tienen el derecho de conocer y disfrutar de su isla. Para quien no conozca el lugar, es un sitio que está deshabitado, no hay casas, no hay hoteles, no hay nada, sólo playas, caletas y el malpei. Pero parece que esta Ley de Costas llega a Canarias con reformas, ya que los hoteles no se tiran y pueden incumplir la Ley, pero unos ciudadanos, un pueblo, el pueblo canario, el pueblo majorero, no. A nosotros si se nos aplica la Ley hasta de forma cruel y sin razones lógicas. Pero yo encuentro una... no somos un negocio, no les damos dinero a cambio de nada. Y ya la conclusión y el futuro lo vemos todos... Nadie mira nuestra cultura, nadie se preocupa en echar la vista atrás y volver a nuestros orígenes costeros que todavía, menos mal, perduran en algunos rincones. Nadie quiere ver que nosotros somos de la mar, nacemos, vivimos y morimos en ella. Nadie se da cuenta de que ese sentimiento de nuestro ancianos de nostalgia hacia mar existe, y está vivo en cada uno de nosotros. Nadie se da cuenta de que el mar nos da todo, y que sobretodo, que sin él no seríamos lo que somos, siete islas que se bañan por el Atlántico, siete islas con un aroma que eclipsa a quien las conoce, siete islas que siempre han estado unidas en su corazón y que nadie, absolutamente nadie, puede cambiar. Canarias, un sólo pueblo para la explotación de los políticos y adinerados, que abusan de nuestra tierra, de nuestro litoral. Canarias, un sólo pueblo, gobernado por el interés. Canarias, un sólo pueblo oprimido, a merced de unos valientes que en las olas de la corrupción no se ocupan de su trabajo de cuidar a su pueblo, protegerlo, escucharlo y atenderlo.

Omaira Darias Reyes
(omaira_adr@hotmail.com)
Argentina, hijos, nietos perdidos y encontrados
Y la mala hierba se apoderó de la dulce siembra... y año tras año creció en la inocencia sin conocimiento del espanto y la barbarie acontecida...
Aquella espiga arrancada, creció fuerte, vigorosa, llena de vida...
Un día, sus ojos se abrieron a la realidad de un espejismo sufrido, viendo sin ver la realidad cruda... el de los asesinos y como paloma libre cruzó los cielos, campos, mares, océanos... el pasado borrado estaba allí. ¡Sus familiares!
Amor perdido de tantos años, brazos desiertos de añoranzas de cariño, de besos, de preguntas, de respuestas... Ahora todo tiene sentido ¡Su historia, su vida! Cuando a un hijo lo arrancan de los brazos de su madre, de su padre, su corazón se queda desierto, frío... hasta que un día la justicia divina por los caminos más insospechados encuentra a sus familiares y aquellos corazones solitarios, como si les faltara un eslabón en el tiempo... se une a lo más sagrado, las raíces de la tierra; su familia, y en sus brazos recuerda a sus padres matados, masacrados, torturados... en tiempos de la dictadura de argentina.
Madres desconsoladas, desgarradas... buscando a sus hijos, hijos buscando a sus padres, familiares...
La historia se repite una y otra vez, tortura, destrucción, muerte...
¿Por qué?...
¡Nunca jamás se repita tan cruel barbarie, tan cruel historia!

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