25 de febrero de 2017
25.02.2017

Se alquila la casa del Mercado de San Pablo, el que fuera proyecto estrella del casco lagunero

El fracaso a la hora de ponerlo en marcha, la falta de planificación, los impagos y los pleitos judiciales han terminado por acabar con este centro gourmet que apenas tuvo recorrido

25.02.2017 | 15:51
Puerta principal del Mercado de San Pablo con el cartel de "se alquila".

El Mercado de San Pablo, que se lanzó como el proyecto estrella gastronómico del casco histórico de La Laguna, ha muerto. El fracaso a la hora de ponerlo en marcha, la falta de planificación, los impagos y los pleitos judiciales han terminado por acabar con este centro gourmet que apenas tuvo recorrido. Algunos de los que alquilaron los puestos y el dueño del inmueble intentaron salvarlo pero no ha sido posible. Este sábado se puede leer en la puerta principal: "Se alquila".

El ambicioso proyecto ha sido un desastre. Comenzó de forma muy prometedora y generando grandes expectativas –una gran casona rehabilitada y convertida en 2.000 metros cuadrados con una treintena de puestos de comida de todo tipo, desde carne y pescado hasta frutas y verduras– pero ha terminado convirtiéndose en el mayor fiasco comercial del municipio. Y ya no hay nadie que lo salve.

Alrededor de 40 familias, entre las que ocuparon los puestos y las que se echaron atrás a última hora después de pagar el canon –de 12.500, 9.000 o 7.500 euros por cada uno en función de la ubicación y la superficie–, invirtieron todos sus ahorros atraídos por una iniciativa que pretendía dejarse llevar por la exitosa inercia de otros mercados gourmet que triunfan en España, como los madrileños de San Antón y San Miguel. La mayoría de los que finalmente abrieron sus puestos pusieron de media entre 40.000 y 55.000 euros por el canon, la maquinaria, los complementos o la materia prima para hacer los productos de la carta.

Pero en abril de 2015, apenas cinco meses después de la soñada inauguración, llegaba el varapalo que ya muchos intuían: el Mercado de San Pablo tenía que cerrar por un corte de luz y una orden de cese de actividad emitida por la Gerencia de Urbanismo. Con ello, esas 40 familias, aparte de los socios de la empresa, quedaban en una situación delicada, con el peligro de perder todo el dinero que pusieron en un sueño que se ha convertido en una pesadilla.

Todos apuntan a un único culpable: el creador y gestor del proyecto, el economista chicharrero de 42 años Pablo Montesinos. La opinión generalizada es que Montesinos se lanzó sin red, sin apenas dinero, a una iniciativa demasiado ambiciosa para sus capacidades y posibilidades económicas. Incluso, muchos creen ahora que la propuesta no era tan viable como parecía: demasiados puestos para tan poco espacio y para un entorno limitado, en el que ya existía una variada oferta de restaurantes y tascas, y al que no llegan los suficientes visitantes como para sostener tanta variedad. Muy poca demanda para tanta oferta.

Pero muy pocos lo veían así al principio. La mayoría, incluida la opinión pública, pensaba que aún no siendo una idea original, era buena y tenía todas las opciones de encontrar recorrido, incluso aunque los problemas graves empezaran a surgir cuando todavía no se había celebrado la inauguración.

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